Review: Lollapalooza Argentina 2017 – parte 02 (31-03 y 01-04-2017)

Review: Lollapalooza Argentina 2017 – parte 02 (31-03 y 01-04-2017)

0 comments 📅03 abril 2017, 18:20

Por Mariano Aratta // @gutenseth

Ph: Cortesía TyT Group

Dicen que segundas partes no tienen el nivel de la primera. Sin embargo, a veces hay excepciones. El día 2 del Lollapalooza Argentina 2017 tuvo matices similares al primero pero, para empezar, contó con un agregado extra: más público y desde más temprano. Lo que el viernes fue un espacio cómodo para circular durante las primeras horas de la tarde, el sábado se convirtió en un “picnic del día de la primavera” por la cantidad de personas acampando sobre sus mantas, descalzos, tomando alguna bebida bajo el rayo del sol o simplemente durmiendo una siesta hasta que empezara la banda de su agrado. Con una convocatoria superior al primer día -que ya había sido enormemente convocante pero que quizás por ser laboral provocó que la mayor parte de la gente llegara al Hipódromo de San Isidro en horario nocturno- también se añadió un nuevo detalle: la paleta de colores creció todavía más y se pudo ver esa convergencia pacífica de géneros tan característica de este festival, con respeto, tolerancia y estilos variopintos. Padres jóvenes con bebés en carritos, adolescentes vestidos de Pikachu o los tan en boga flurries, adultos peinando canas bailando “con sus señoras” al ritmo de Duran Duran, algún rezagado fan de Metallica que había comprado el pase para los dos días, jóvenes hipsters y mucho más. Cómo siempre recalcamos desde este espacio, la tan mentada seguridad y comodidad del Lollapalooza también propicia un espacio de tolerancia con muchas y diversas actividades, lugar para la ecología y el reciclaje -el Espíritu Verde-, sala de masajes, cama elástica, food trucks y mucho color y diversión.

Una de las quejas de varios de los asistentes al evento fue la prohibición de la venta de alcohol. Por primera vez desde que este festival se realiza en el país, la cerveza estuvo vedada. Este detalle fue altamente irónico pues el principal auspiciante era una reconocida marca de cerveza mexicana e, inclusive, había entre las instalaciones un amplio “patio cervecero” y el stock listo para ser vendido a nadie. Según informaron desde la organización, el Municipio de San Isidro fue quien decidió, ante lo sucedido en el show del Indio Solari en Olavarría, prevenir posibles problemas, prohibiendo incluso la venta de bebidas alcohólicas también en las inmediaciones del hipódromo. Los equívocos de los políticos, usualmente, provocan mayores malestares que la ingesta de alcohol misma, ya que claramente, dentro de los parámetros de respeto que veníamos mencionando, el Lollapalooza se realiza en Argentina desde el año 2014 y nunca se produjo ningún desmán por el consumo de alcohol ni por otros motivos.

Un detalle para tener en cuenta es el fenómeno social que el Lollapalooza representa. “Mucho más que un festival” es el lema por el cual se lo conoce y eso es lo que es. En el marco del evento uno puede toparse con un grupo de jóvenes que no tiene interés en ninguna banda pero está allí por el mero gusto de “pertenecer”, a pura selfie con sus amigos. Personas que sólo fueron a ver Enter Sandman de Metallica o que apenas saltaron cuando The Strokes tocó Reptilia, pero que se mostraron totalmente incrédulos ante otros temas menos conocidos de las mismas bandas. Pareciera ser que para muchos lo que realmente importa es Lollapalooza en sí y no tanto las bandas que participan. El simple hecho de haberse vendido el 60% de las entradas antes que se conociera el line up o el reinado de la imagen y la superficialidad que rondó San Isidro y sus alrededores el pasado fin de semana, demuestran una tendencia que se viene haciendo fuerte y que ubica a este festival -al menos en su versión latinoamericana- como un punto de encuentro de música, moda, tendencias y marketing, para todo tipo de edad. El único requisito es tener la mente despierta y el oído abierto, ya que saltar desde Metallica hasta The Chainsmokers no es fácil para algunos. El Lollapalooza es un culto al entretenimiento matizado con música de primer nivel, más allá de los gustos de cada uno.

Este segundo día tuvo como gran atracción a The Strokes. La banda de Julian Casablancas jugó de local en Argentina y vivió lo que, según dicen, fue el show más convocante de su carrera ante 90.000 personas. Un poco después de lo que estaba anunciado –“se me hizo tarde porque estaba ocupado”, pidió perdón Casablancas a su gente-, la banda salió a escena con su formación original que incluye también a Nikolai Fraiture, Albert Hammond Jr., Nick Valensi y Fabrizio Moretti, al ritmo de Reptilia en “versión cumbia villera”, obra del ya famoso Oscar Coronel, conocido por reinterpretar temas de rock en este tipo de versiones para YouTube. Este detalle causó sorpresa y risas en el público, que festejó el guiño de la banda a la cultura e idiosincrasia argentina. Sin embargo, no hubo más lugar para cumbia, de inmediato las luces del escenario comenzaron a parpadear con una aplanadora de Indie Rock plagada de hits de los tempranos 2000: The Modern Age, Soma, Drag Queen y Someday dieron paso a la explosión con la seguidilla de Reptilia, Is This It y Threat of Joy. Así, el show fue de menor a mayor y promediando la mitad estalló para nunca más bajar.

“Sean buenos con Messi”, comentó Casablancas al pasar y generó otra reacción popular, para luego pedirle perdón a las damas presentes por hablar de “cosas de hombres”. “Qué lindas son las mujeres argentinas… y eso es un problema”, lanzó nuevamente a su público y las chicas deliraron ante un frontman que tuvo totalmente dominado al escenario y a su gente. En esta ocasión, el cantante se mostró muy diferente a su visita anterior al país. Activo, contento, sin acoples innecesarios ni experimentos vocales de dudosa calidad, su performance fue correcta y cumplió con lo que se espera de un cantante Indie garagero sin dar ninguna nota de color.

La banda neoyorkina continuó hasta casi la medianoche, con varios amagues de abandonar el escenario. Last Nite, otro clásico, dio lugar a la primera parte del encore que tuvo a Heart in a Cage, 80’s Comedown Machine y Hard to Explain como temas que, aparentemente, cerraban la fiesta. Pero una vez más, volvieron ante el clamor popular para tocar You Only Live Once y, tras realizar otra vez la pantomima de irse, cerrar con el ya clásico Take It or Leave It. Excelente show y setlist para una banda que interpretó casi en su totalidad su disco debut Is This It -de 2001- y sólo un par de temas de su último EPFuture Present Past, del año pasado-. Fue un show directo, enérgico y efectivo, con ese sonido de los ’70 desde su propia relectura Indie de guitarras actuales.

Pero más allá de esta esperada banda, el Lollapalooza Argentina 2017 en su segundo día contó con otros dos shows altamente enérgicos y celebrados: el de Two Door Cinema Club y el de Duran Duran. ¿Qué decir de la banda ochentosa liderada por Simon Le Bon? Estos británicos, emblema del New Romantic de hace tres décadas y media, dieron sin duda uno de los shows más prolijos y con mayor despliegue, pasión y calidad, de todo el festival. La voz de Le Bon, todavía joven, acompañada de dos coristas estilo gospel, nos regaló una catarata de hits bailables. Imposible abstraerse de esa lista de temas: absolutamente todas las canciones eran conocidas y fueron éxitos en su momento. El hipódromo bailó durante el atardecer y compartió un cálido momento de homenaje a David Bowie, con su rostro escrutándonos desde las pantallas, a través de la fusión del tema Planet Earth con Space Oddity, del inolvidable Ziggy Stardust.

Wild Boys, ropa blanca, zapatillas amarillo flúor y más clásicos de clásicos como Hungry Likes the Wolf, A View to a Kill, Come Undone y un final con papel picado que dejó a todos felices: New Moon on Monday, Girls on Films, Save a Prayer y Rio. Duran Duran demostró así que no hay que ser moderno ni estar a la moda para tener vigencia entre las nuevas generaciones y, seguramente, se ganó algunas reproducciones más en Spotify de algún pequeño que fue destetado en los 2000 y que no había oído de su existencia. “Este es el país en el que mayor cantidad de gente tuvimos en este horario, gracias por ser amantes de la música, para una banda que estén todos aquí ahora es muy importante”, emocionó a todos Le Bon y nos dejó preparados para seguir bailando con la banda de Irlanda del Norte que se preparaba en el escenario de enfrente.

Two Door Cinema Club se presentaba por segunda vez en Argentina. Con un comienzo algo flojo por algunos problemas de sonido que por suerte fueron rápidamente solucionados, continuaron en la senda bailable tecno-oscura. Un juego de luces imponentes desde siete “monolitos pantallas” que emitían flashes espaciales y psicodélicos y una gran aceptación del público que no paró de moverse al compás de la música con una sonrisa de oreja a oreja, fueron las notas del show intenso que brindó la banda de Alex Trimble, Sam Halliday y Kevin Baird.

Comenzaron con Cigarettes in the Theatre, contagiosos y poderosos, el ritmo de Two Door Cinema Club hizo mover a todos. Changing of the Seasons y Bad Decisions fueron puntos altos de un show con el característico estilo disco de la banda en la melodía principal. La lista prosiguió durante 17 canciones en total, en la que destacaron los clásicos I Cant Talk -literalmente una explosión bailable epiléptica-, Someday y What You Know, con los que cerraron su presentación. Los irlandeses son otra de esas bandas que el público local “cada día quiere más” y se lo dejaron bien en claro el pasado sábado.

Como ya dijéramos en la primera parte de esta reseña, la edición 2017 del Lollapalooza Argentina ofreció menos artistas locales que otros años. En la segunda jornada, los que más gente movilizaron fueron Turf y Lisandro Aristimuño. Cabe señalar que bien temprano tocaron, prácticamente al mismo tiempo, Bándalos Chinos y Bestia Bebé, dos promesas locales que, injustamente, compartieron horario y el que quería disfrutar de ambas debió optar.

The Weeknd fue el puente entre Two Door Cinema Club y The Strokes y, como suele decirse, “la bajó”. Amén de ser un artista en crecimiento y el favorito de las nuevas generaciones, el canadiense Abel Tesfaye -ese es su verdadero nombre- brindó un show demasiado egocéntrico y pretencioso, sin tener las herramientas ni los recursos para posicionarse tan alto como pretende. Repetitivo y agotador, con canciones monótonas, hizo que gran parte del público vaya abandonándolo, para guardarse un buen lugar cercano a The Strokes. Ya a la medianoche, el australiano Flume era el encargado de cerrar definitivamente el Lollapalooza 2017 en Buenos Aires, mientras algunos rendidos tras dos jornadas agotadoras se retiraban y otros seguían de largo bailando al ritmo de la electrónica.

Es muy probable que dentro de pocas semanas comiencen los rumores sobre la próxima edición del festival y los nombres que lo poblarán. Asimismo, también es muy probable que mucho antes de que esas bandas se confirmen -o no-, varios correrán para comprar las primeras entradas a precio preferencial. No sabemos qué nos deparará el festival de mañana, pero más allá de modas y gustos pasajeros, podemos afirmar que la música siempre será la esencia de cualquier encuentro en el cual estaremos gustosos compartiendo nuestra opinión y prestando el oído a más novedades y a los grandes clásicos de la escena mundial.

Compartimos  a continuación una nueva tanda de fotos de prensa:

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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