Review: Lollapalooza Argentina 2017 – parte 01 (31-03 y 01-04-2017)

Review: Lollapalooza Argentina 2017 – parte 01 (31-03 y 01-04-2017)

1 comment 📅02 Abril 2017, 16:52

Por Mariano Aratta // @gutenseth

Ph: Cortesía TyT Group

Otra edición del festival internacional de música más grande que se presenta por estas latitudes, el Lollapalooza Argentina, acaba de finalizar. Sin dudas, esta nueva edición fue la más grande que se recuerde en el país, un éxito rotundo en números y en asistentes -en poco tiempo el público agotó las 100 mil entradas disponibles por día-. No obstante, en estos cuatro años consecutivos de presencia en Argentina, el Lollapalooza cosechó sus fans y sus detractores.

Una de las críticas frecuentes que se le hace a este evento es el valor de las entradas, algo que es correcto destacar dada la vapuleada -y neoliberalizada- economía hogareña local. Obviamente, el precio es caro. Pero si ponemos del otro lado de la balanza una organización impecable, en la cual pareciera prácticamente imposible que ocurriera algún desmán –recordar el último show del Indio Solari en Olavarría para más datos-, seguridad e higiene en todo el predio, incluyendo enormes sectores con baños químicos dispuestos con personal de limpieza correspondiente a toda hora, amplios espacios para el relax y canillas de agua gratuitas para que todos puedan estar hidratados, el valor de la entrada se amortiza un poco. Si sumamos a todos estos factores los cuatro escenarios con bandas internacionales de primer nivel -más allá de gustos personales-, un poco de propuesta local -este año, lamentablemente, menor que el anterior-, un sonido impecable para todos los músicos, juegos, diversiones y concursos, un espacio infantil -el Kidzapalooza– y, el gran acierto, un predio como el Hipódromo de San Isidro, tan enorme que es imposible estar apretado o entre empujones al ir de un escenario a otro, el precio pareciera un poco menos injusto. La disposición de los escenarios, este año, fue todavía más cómoda que el anterior y el espacio fue ampliado. Aparentemente, siempre se puede perfeccionar lo que ya es bueno.

Insistimos en este factor: el Lollapalooza es un evento caro. Pero lo que nos ofrece es de primer nivel y la comparación con otros festivales que se realizan en el país lo deja claramente en primer lugar. Como reza su lema, es “mucho más que un festival”, aspecto que ampliaremos en la segunda parte de esta nota.

Para este año, el plato principal estaba conformado por Metallica, The Strokes, Two Door Cinema Club, The Weeknd, Rancid y Duran Duran, entre las más destacadas de ambos días. Comenzaremos con lo primero: el día 1, que podríamos definir como “el día pesado” del evento.

Sin dudas, la fiesta vino de la mano de los señores de Los Ángeles que alguna vez fueron Thrashmetaleros y hoy son una banda madura y apabullante. Apenas pasadas las 22 del primer día del evento, Metallica salió a escena y ofreció un show de casi 2 horas que culminó con fuegos artificiales y un público terriblemente agotado de poguear y hacer headbanging.

Después del típico comienzo con Ennio Morricone en los altavoces, la banda de James Hetfield, Kirk Hammett, Robert Trujillo y Lars Ulrich se mostró potente como en sus mejores épocas, repasaron varios clásicos y aprovecharon la ocasión para presentar Hardwired… to Self-Destruct, su más reciente lanzamiento. Para los fans más viejos, con este disco Metallica ha recuperado el vigor de su época de oro a fuerza de metal -el tema Halo on Fire pareciera que en el futuro cercano formará parte de la lista de clásicos de la banda, de esos que nunca dejan de tocar en ningún show-. Junto con esta canción, sonaron del nuevo álbum Hardwired, y Atlas, Rise!, y, en el primer tramo, sumaron Master of Puppets -con las guitarras de Hammett y Hetfield casi “discutiendo” con furia metalera-, Fade to Black y el apabullante Seek and Destroy, seguramente de lo más destacado antes de los bises. For Whom the Bell Tolls y Sad but True fueron otros de los momentos “clave”, junto con los solos de bajo de Trujillo y de guitarra de Hammett -rasgueo con las nalgas incluido-.

El retorno al escenario principal se dio con Fight Fire with Fire, directo al oído del viejo fan de Metallica. Nothing Else Matters y Enter Sandman cerraron el show, con el objetivo de dejar a todos contentos. Imposible expresar con palabras lo que representó la presentación de esta banda ante miles de almas, algunos curiosos por conocerlos, otros -vestidos de negro y con tachas- entrados en años… público feliz luego de tremendo despliegue escénico. La buena onda imperaba entre la banda y el público, con muchos guiños al viejo fan pero también al espectador circunstancial. “¡A Argentina le gusta el Heavy!”, gritó Hetfield en un par de ocasiones y la gente deliró con sus palabras. Trujillo fue más allá y nos dedicó un “boludos” bien cariñoso y bien argentino, entre risas de todos.

Pero antes y después de esto hubo espacio para más música, de diversos colores y sonoridad. Tras Metallica, para los trasnochadores, The Chainsmokers -el dúo del momento, compuesto por los DJ’s y productores Andrew Taggart y Alex Pall– se encargó de cerrar a puro baile la primera noche en San Isidro. Y justo antes que la banda principal, salió a escena The XX, quienes seguramente cosecharon nuevos seguidores tras su paso por Buenos Aires. Los británicos fueron la segunda banda con más convocatoria de este día del Lollapalooza y cumplieron con creces: el trío compuesto por Romy Madley Croft, Oliver Sim y Jamie XX desplegó un set oscuro, con fuerte presencia vocal, un sonido claro, prolijo y cuidado, que envolvió a todo el Hipódromo y lo dejó mudo por un buen rato. Los pocos murmullos en el ambiente eran de aprobación ante este show Indie prácticamente minimalista y fuertemente sensual. The XX se encuentra actualmente presentando su nuevo disco, I See You, igual de oscuro pero mucho más bailable que su material anterior, y esta fue la ocasión ideal para que Argentina lo conozca en directo.

A la tardecita, Cage the Elephant pisó por tercera vez Buenos Aires y ofreció una de las actuaciones más explosivas de la jornada. El grupo estadounidense, y sobre todo su cantante Matthew Shultz, levantaron la temperatura de la gente en un horario por demás caluroso. El vocalista, para nosotros el frontman de la jornada, corrió y saltó de un lado a otro del escenario y en ningún momento frenó. Terminó el show vestido tan sólo con pantalones y medias, parado cantando sobre el público. El sonido de la banda, sin dudas, es afilado y todavía no comprendemos cómo no se han hecho más populares después de tantas visitas y tan buena música -y shows-. Anteriormente, los británicos de Glass Animals cautivaron desde temprano al público con un combo de Nü Soul, Trip Hop y Psicodelia sumado a una fuerte impronta del ochentoso sonido de Manchester. Para quiénes no los conocíamos, este grupo fue una grata sorpresa -quizás el oyente más entrenado en este tipo de música los tenía escuchados-, con esa mixtura de sonidos tan particular, la banda comenzó a encender al público que por entonces estaba sentado en los amplios espacios verdes, tomando sol y disfrutando la música y la compañía.

El toque Punk de la tarde de San Isidro lo pusieron los alocados Rancid, banda californiana que causó furor entre su gente en los ’90 y que era de las pocas de su género que nunca había visitado Argentina. El show al atardecer fue intenso y cargado de actitud Punk y simpatía. “Olé olé olé, Rancid, Rancid” coreaba la gente y las voces de la banda –Lars Frederiksen y Tim Armstrong– devolvían las gentilezas. “Es bueno verlos finalmente”, lanzó el vocalista y la gente estalló, tal y cómo lo había hecho la noche anterior durante el Side Show en El Teatro de Flores. El repertorio estuvo plagado de hits entre Punk y Ska, destacándose East Bay Night, Salvation, Old Friend y el clásico Time Bomb.

The 1975 nos ofreció una tanda de sonido ochentoso bajo el sol, con sus peinados batidos y actitud soft-pop, al estilo Softcell. Estos muchachos, que tienen el disco del año según la revista NME -su último lanzamiento, titulado I Like it When You Sleep for you are so Beautiful yet so Unaware of it– intentaron levantar un poco la tarde luego de los escasos shows nacionales. León Gieco, quizás el detalle más polémico en la previa del evento por “no ser del estilo de los demás”, brindó un show potente junto con los músicos de Infierno 18 como acompañantes y evitó hacer declaraciones políticas para un público que difícilmente se iba a inclinar a escucharlo. Podríamos decir que adecuó tanto su banda como su lista de temas, en su mayoría hits de sus primeras épocas, para una presentación un tanto más rockera que las que nos tiene acostumbrados. Más temprano, Palo Pandolfo demostró que sigue activo y con nuevas ideas, con la presentación de su disco Transformación, su versatilidad y talento, como este artista y poeta nos tiene acostumbrados desde principios de los ’80. Deny y Huevo completaron la jornada nacional con sus sets pesados y su promesa de pronta explosión, algo para lo que vienen trabajando con fuerza e ímpetu.

A continuación, compartimos algunas fotos de prensa y los invitamos a que esperen la segunda parte de esta reseña, donde brindaremos detalles del segundo día y más de lo que fue el público dentro de este fenómeno social y artístico marketinero llamado Lollapalooza.

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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