Review: Pasajeros

Review: Pasajeros

0 comments 📅01 marzo 2017, 19:28

Por Mariano Aratta // @gutenseth

Hubo un tiempo donde la épica espacial pisaba fuerte en el cine. Tal vez un poco por el contexto mundial, signado por la idea de lograr un dominio ideológico durante la Guerra Fría, la carrera espacial y otro poco por convencionalismos de un género que si bien tenía ya décadas de imaginario, se tornaba filosófico y nihilista a partir de las nuevas ideas y pensamientos surgidos luego de la Segunda Guerra Mundial. Además, las convenciones de un género literario que siempre tuvo numerosos fans -tantos como detractores- y los incipientes efectos especiales, volvieron a estas tragedias espaciales de astronautas que iban en busca de todo, de nada o de sí mismos en estrenos centrales de la pantalla grande.

Pasajeros, de Morten Tyldum, cumple a medias con todo lo que se propone. Nos deja la sensación que, de manera anodina, se queda a mitad de camino en lo que insinúa. La película protagonizada por Chris Pratt y Jennifer Lawrence pretende inscribirse en la lista de films de “epoyeya estelar”, cargados de dramatismo y filosofía al estilo del 2001 de Kubrick o Interestellar, con esos finales agridulces, abiertos, o directamente tristes, tan característicos del género, con silencios incómodos y mucho para pensar. Quizás el problema central es pecar de soberbia y querer inscribirse entre esos titanes. Tal vez, lo mejor hubiera sido ponerse a la altura de un simple pasatiempo convencional de Ciencia Ficción y allí sí funcionaría mejor.

En resumen, la idea funciona muy bien durante la primera mitad de la película: un hombre solo en una nave espacial gigante, que despierta de pronto de un sueño inducido en el que están 5000 personas, todas enviadas a una colonia lejos de la Tierra. Al abrir los ojos, se da cuenta que su proceso de criogenización falla y que de los 120 años que dura el viaje, todavía faltan 90 para llegar a destino. A la depresión inicial le sigue la euforia por disponer de todas las comodidades y lujos para él solo, pero finalmente la soledad se le hace una compañía muy pesada. Ni siquiera Arthur, el histriónico cantinero-robot de la nave, es compañía suficiente para este triste hombre solitario.

Un mensaje a la Tierra demorará unas cuantas décadas, entre pregunta y respuesta. Las bondades de las lujosas instalaciones ya no son suficientes, así que investigando la historia personal del resto de los pasajeros dormidos, descubre a la señorita que le provocará desvelos… tras un largo período de indecisión moral, el protagonista toma el camino más previsible: no despierta a todos los dormilones ni a un científico que lo ayude a criogenizarse de nuevo, sino que saca de su sueño a la chica en cuestión, fingiendo otro desperfecto mecánico. Ella, claro, no lo sabe, y entre ambos iniciarán una relación forzada que después devendrá en un vínculo romántico.

De ahí en más comienza un melodrama barato de amor con sexo, separaciones, nuevas uniones y discusiones. Mientras los protagonistas se devanean en un romance adolescente, la nave espacial tiene una falla tras otra y otra más y así sucesivamente. Pero los tortolitos ni cuenta se dan de los problemas que podrían llevarlos a la muerte más horrenda en el espacio exterior. Es por eso que aparece en escena otro personaje que también despierta accidentalmente, el capitán de la nave, interpretado por Laurence Fishburne. Esta aparición es es totalmente incomprensible: no sólo la casualidad quiere que entre 5000 personas despierte… ¡justo el capitán! Sino que la presencia de este hombre es salvadora: despierta, les indica cuáles son los problemas de la nave que ellos ignoraban y cómo solucionarlos, incide en que la pareja -que estaba peleada- vuelva a iniciar su vínculo y, así como apareció, desaparece. ¡Magia espacial pura!

El film podría definirse en su primera mitad como un intento híbrido entre existencialismo y filosofía metafísica para después virar hacia una suerte de exponente del cine romántico mezclado con catástrofe, cuando descubren finalmente los desperfectos, en línea con otro film espacial como Gravedad. Pequeño pastiche cinematográfico que, sin embargo, entretiene, no aburre nunca, pero tampoco profundiza en ninguno de los aspectos mencionados y termina siendo una propuesta superficial.

Por otra parte, lo que sí es realmente para destacar son los efectos especiales, la fotografía y el diseño en general. Todo es concordante con la atmósfera espacial que la película quiere recrear. Las actuaciones tampoco son malas, siendo lo más flojo la dirección y el guión que, como recalcamos, promete más de lo que realmente ofrece. El final de la película, a pesar de todos los intentos por meternos en esa mística agridulce del género, sigue siendo feliz y no nos deja esa sensación de vacío o melancolía que suelen brindarnos este tipo de películas. Si lo que buscan es un divertimento de un par de horas, no tienen nada que perder. Pero si vieron el trailer y pensaron en una nueva épica espacial, mejor sigan esperando…

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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