Review: Rogue One: Una Historia de Star Wars

Review: Rogue One: Una Historia de Star Wars

0 comments 📅19 diciembre 2016, 17:47

Por Jonathan Leandro // AgentDark

Finalmente, una nueva entrega de la saga intergaláctica más famosa ha llegado a los cines de todo el mundo. Rogue One: Una Historia de Star Wars está entre nosotros y, obviamente, una rara sensación es arrancar una película del universo de Star Wars sin la clásica introducción de la saga que nos pone la piel de gallina a todos los fans. Pues claro, estamos ante un spin off y no por eso debe cumplirse esa regla, por lo que sutilmente, después de unos segundos comenzado el film, pudimos apreciar el título Rogue One ante nuestros ojos, que de alguna manera marca el ritmo inicial que toma el film.

Después del sabor extraño que había dejado Episodio VII, el peso de una nueva película de Star Wars había quedado atrás. Por esta razón no existía la misma presión en los espectadores, dejando las expectativas más calmadas. Pues bien, cualquier seguidor de la saga creada por George Lucas sabe bien cómo este capitulo de la historia ha de terminar. Esto último se transforma en un desafío que Gareth Edwards como realizador supo afrontar. Al fin al cabo, lo entretenido de las historias es cómo te las cuentan.

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Con un comienzo que se toma su tiempo, una cierta lentitud que nos hace poner en duda su propio desarrollo, el film narra los sucesos que acontecieron al cuarto episodio de la saga, Star Wars: A New Hope -Una nueva esperanza-. Todo gira alrededor de los últimos momentos de la construcción del arma más destructiva del universo -por parte del Imperio-, la Estrella de la Muerte y del redimir de su creador, Gale Erlson, el padre de nuestra protagonista Jyn, dejando en los planos de esta imponente arma de destrucción una pequeña luz de esperanza.

Algo de lo que siempre pecan los films de este estilo es darnos mucha información por subestimar a un público general. Aquí no sucede eso y todos sabemos lo que estamos viendo, si bien se explica el contexto como toda narración, no pierde el tiempo en detalles irrelevantes. En esto se nota el buen trabajo Gareth Edwards como director, demostrando que a veces sólo una mirada o un gesto vale más que el sobreexceso de palabras.

La confianza es la base de toda relación y la película gira en torno a esa cuestión desde sus primeros diálogos y por casi todo el film. Un buen ejemplo de esa premisa puede ser la propia resistencia que tiene Jyn Erso –Felicity Jones– ante su propio rescate y sus dudas hasta de los propios rebeldes. La interpretación de Cassian Andor por parte de Diego Luna es una de las sorpresas, dándole vida a un personaje que con el paso de los minutos va generando firmeza y razón de ser. El dúo Chirrut Îmwe –Donnie Yen– y Baze Malbus –Jiang Wen– también se mantiene distante, creando alrededor de ellos una mística propia. No podía faltar en el grupo la figura del robot compañero de nuestros héroes, K-2SO, que de alguna manera simpática causa con sus cálculos de probabilidades de error una pequeña certidumbre de los hechos. Pero sin caer en escenas forzadas cada uno de los protagonistas cumple su función mostrándonos inicialmente esa distancia entre ellos que se irá  perdiendo a medida que las circunstancias los haga asumir que están donde están por una razón. La causa y el deber ante todo, la camaradería los une para luchar y dar todo el uno por el otro.

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A medida que se suceden más escenas del lado del Imperio, el largometraje va tomando la fuerza que necesitaba. El regreso de Grand Moff Tarkin -recreado en forma digital- es un logro para elogiar. Un Imperio que también tiene sus problemas internos y la disputas de poder, la obsesión y el miedo al fracaso por parte de Orson Krennic –Ben Mendelsohn– es pauta de una ambición muy humana y lejos está de ser un villano gruñón.

Había una deuda pendiente con la figura de Darth Vader y su vuelta a la pantalla grande, una deuda que quedó desde sus escasos segundos en Episodio 3. Su presencia temeraria, su imparable poder, algo necesario en cualquier film de Star Wars. Sin entrar en detalles, sólo basta comentar que sentirán su respiración más cerca que nunca.

La puesta en escena es destacable, comenzando por pequeños detalles en las locaciones, como en el vestuario y la tecnología tanto armamentística y vehicular presentada, que debían respetar la situación cronológica del film. Recordemos que estamos ante una precuela de una película de 1977 y que más de un espectador despistado puede llegar a preguntarse si el Imperio eran fanático del culto al vintage. Si Episodio 7 tenía algo para destacar era su delicia visual y aquí vemos como la producción de Disney se supera a sí misma, logrando escenas que ponen al film dentro de los mejores de la serie. La aparición de la Estrella de la Muerte y su demostración de poder contra el planeta Jedha es uno de esos grandes momentos. La batalla que da lugar Scarif pone al film en una altura inesperada que dejará a más de uno sin pestañear en una frenesí de situaciones bélicas a la altura de los mejores momentos de la saga. Los últimos 30 minutos, son una delicia visual de una calidad que sorprenderá y que le devuelven a la película el espíritu espacial de Star Wars que todos extrañábamos: X-Wings y Tie Fighters vuelven con todo su esplendor.

Entre tanto deslumbre visual no podemos dejar de lado el sonido. Michael Giacchino se encargó de lograr una identidad propia del film sin abusar de las clásicas melodías de John Williams. Michael había comentado que no quería olvidar que más allá de ser una película de acción, hay emociones y sentimientos que trasmitir. Esto, sin dudas, está más que cumplido, teniendo en cuenta que apenas tuvo un mes y medio para crear la banda sonora, su merito es mucho mayor.

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Rogue One cumple con su premisa, es correcta en su ejecución sin caer en las típicos gags y diálogos forzados. Si bien tiene sus momentos cómicos, no se deja llevar y mantiene sus tintes oscuros, respetándose a sí misma y al universo Star Wars. Su suspenso crece a medida que uno va aceptando a cada uno de sus personajes, tomando fuerza escena tras escena, generando una expectativa que nos  lleva a un épico tercer acto inolvidable, el cual pone al film a la altura del alabado Episodio 5: The Empire Strike Back -El Imperio Contraataca-. Si habíamos perdido la fe con Episodio 7, Rogue One nos devuelve las esperanzas. No es una simple historia, ¡es una película de Star Wars!

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