Entrevista exclusiva con Nahuel Fernández Etlis: “Mucha gente se considera idiota cuando roza la genialidad”

Entrevista exclusiva con Nahuel Fernández Etlis: “Mucha gente se considera idiota cuando roza la genialidad”

0 comments 📅03 mayo 2016, 09:36

Por Mariano Aratta // @gutenseth

Nahuel Fernández Etlis es escritor. Nació en 1988 en Argentina pero, según sus propias palabras, lo “trasladaron” a España a los dos años aunque luego retornó al país. Si alguna vez tuvieron la oportunidad de toparse con material de Nahuel, habrán notado una atmósfera oscura, con algo de cruel y retorcido, alguna que otra situación grotesca pero que guarda -porqué no- correlato con nuestras vivencias cotidianas. Tal y cómo está descripto el libro Desfile de Fenómenos, mejor explicación no cabría: “los cuentos de este libro están sumergidos en oscuridad, donde se encuentran universos retorcidos, crueles o absurdos. Aquí las cosas no salen bien, y los personajes de estas historias deben adaptarse o sufrir un desmedido castigo. Una mujer con un perro en su pierna derecha, una chica con alas de libélula, un hombre violado por su propio pene, una exitosa invasión extraterrestre. Cuentos que, ciegos, tantean a su alrededor en busca de alguien para no soltarlo más”. Pero a no confundirnos, Nahuel no es una persona oscura que nos impone terror con sólo mirarnos. Es más bien un tipo bastante agradable con el cual es un placer conversar. Shinobi News tuvo el agrado de charlar con él para conocerlo un poco mejor.

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– En mi vida hice muchas cosas: teatro, Pa Kua, varios cursos de teoría del cine, idioma japonés y hasta un curso de Adobe Premiere– arranca Nahuel Trabajando también pasé por todos lados, desde vendedor de libros y de cómics hasta cajero en una vinoteca. Actualmente trabajo para Médicos sin Fronteras -organización humanitaria internacional que aporta su ayuda a las víctimas de desastres naturales o humanos y de conflictos armados-. De todos modos, la idea es poco a poco dedicarme a lo mío y es por eso que este año empecé a dictar un taller de escritura de horror. Por cierto, se me puede consultar al respecto a través de Facebook.

– ¿Cómo es esa experiencia? ¿Por qué de horror?

– Recién arranco el taller, estoy dando las primeras clases, y no tengo idea de cómo irá. De todas maneras, tengo un buen presentimiento. Y decidí que fuera de horror porque hace rato tengo pensado dictar un taller literario, pero la realidad es que no sé tanto de literatura general. En cambio, el género de horror lo manejo más, no sólo en la escritura, sino que consumo horror en cine, cómics, videojuegos y hasta música desde que tengo memoria. Sé lo que es el miedo, y cómo transmitirlo. Y si me resulta tan sencillo y satisfactorio, ¿por qué no enseñar a otros a hacerlo?

– ¿Y cómo llegaste al mundo de la literatura?

El primer recuerdo de escritura es a mis diez años: yo tenía un cuaderno lleno de dibujos y se me ocurrió contar una historia con fuertes influencias de la saga Alien. Mucho más tarde me enteré de que era un cuento de horror cósmico, el género que escribe Lovecraft. Desde entonces trabajé en un montón de formatos, hasta que en 2009 me puse definitivamente con los cuentos. Desde entonces escribí mucho más. En 2011 abrí mi blog, desde el cual me obligaba a subir una entrada por día, sean microrrelatos o cuentos de varias páginas. Una vez que tuve un arsenal surtido, decidí publicar Desfile de Fenómenos en 2012, con una editorial pésima que se publicitaba en la calle a través de papelitos. En cuanto salió el libro yo ya pensaba en su reedición y acudí a Marcelo di Marco para ayudarme a mejorarlo y a Expreso Nova para publicarlo. Ambos casos fueron experiencias que superaron mis expectativas. En esta nueva edición también participaron personalidades como Angie Sena para ilustraciones de tapa, contratapa y postales promocionales; Cynthia Hajdinjak para el diseño del interior y Salvador Sanz para el prólogo. El libro salió a la luz a comienzos de 2014. Y mientras tanto, estaba con otro en mente: Mutaciones Incorrectas. Sería más largo que Desfile…, con ilustraciones mías y estética similar a un libro antiguo de medicina. Me puse en campaña para escribir los cuentos que formarían parte del mismo, le cambié el título por Universos Despiadados y corregí todo con Fernanda García Lao, que hizo un trabajo excelente. Lo publiqué en 2015, también bajo el sello Expreso Nova.

– ¿Conocías a estos artistas o te contactaste para el libro?

– A Salvador lo conocí trabajando en el stand de La Revistería Comics, en la Feria del Libro 2011. Había una firma de autógrafos y mi encargado me permitió fugarme para poder hablar un toque con él, ya que conocía mi pasión por su trabajo. Resultó una persona maravillosamente accesible, humilde, un tipo al que podías agregar a Facebook para chatear, como un par. Desde entonces hemos mantenido una relación cercana, me gusta llamarla amistad, que hasta el día de hoy se mantiene. Y bueno, no me fue muy difícil pedirle el favor. Por otra parte, cuando se enteró de mis intenciones para reeditar Desfile…, mi amiga Vicky me pasó el contacto de Cynthia, que a la vez era amiga suya. Cynthia es diseñadora gráfica para Editorial Ivrea, y accedió sin problemas a hacerme el trabajo, que terminó quedando excelente. ¿Por qué acudí a una diseñadora gráfica si publiqué el libro con una editorial que ya tiene su propio diseñador? Porque la intención original era sacar Desfile… por mi cuenta, autoeditarme. Luego de recibir el consejo de no hacerlo porque no me convenía a nivel prestigio, y tras ver que además el trabajo de editor es muy arduo, decidí mostrar el archivo ya diseñado y ahorrarle un paso a Expreso Nova.

– Los dos libros son de cuentos. ¿Por qué ese género?

– ¡Porque es fácil! Bueno, no sé si fácil es la palabra más adecuada, pero definitivamente me resulta más cómodo. Argumentos sencillos, pocas o ninguna subtrama, pocos o relativamente pocos personajes. Hay muchas ventajas en escribir “cuento”, pero lo cierto es que no soy amigo de las zonas de confort y a veces me meto en problemas a propósito haciendo cuentos muy largos o directamente escribiendo novelas. Lo único que puede hacerte crecer como artista y como individuo son los desafíos, así que intento desenamorarme poco a poco de este género tan hermoso.

– ¿Tenés en mente publicar alguna novela en el futuro cercano?

– Sí. De hecho, actualmente trabajo en una muy ambiciosa, de género Cyberpunk, ambientada en Argentina. Podría decir que está “a medio cocinar”, más que nada porque estoy trabajando en varios flancos: un argumento sólido, profundidad y complejidad de personajes, situaciones y diálogos verosímiles, un futuro realista y al mismo tiempo creativo, ruptura de clichés, salir de la solemnidad aburrida a la que nos acostumbró Hollywood, un ritmo dinámico, distintas subtramas para mayor dimensión, etc. Como mi principal lector y fan soy yo mismo, y ya que soy muy difícil de complacer, esta obra me va a tomar un buen tiempo hasta que quede como quiero.

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– Una novela cyberpunk ambientada en Argentina ¡Quiero leer eso! ¿Cómo se te ocurrió? Como lector siempre me llaman la atención los géneros que parecen tan lejanos a la realidad argentina, como la ciencia ficción o el terror, ambientados en el ámbito local. Quizás el paradigma fue leer El Eternauta cuando era adolescente y después pasar con el colectivo por los lugares donde transcurría la acción. Me interpelaba de otra manera que una ficción Hollywoodense.

– ¡Totalmente! Mirá, hay varios factores que me llevaron a Agente Stoupakis. En cuanto a lo inmediato, digamos que en diciembre de 2014 me surgió este personaje de la nada: una lesbiana policía llamada Brenda, pelirroja, de pelo corto y enrulado, musculosa, mal carácter, de derecha. Casi en simultáneo surgió el escenario: Buenos Aires en el 2035. ¡Hasta tenía el año! Y entonces me planteé hacer una novela con esos elementos. Pero no me sentía listo. Creía que algo así requeriría de meses, tal vez años de investigación, documentación, escritura, reescritura, desarrollo de una Buenos Aires e incluso una Argentina futurista pero verosímil, y sobre todo, que la crítica social, política y cultural no fuera un panfleto simplista, sino un cuestionamiento que disparara a todos los blancos. Pero la historia quería salir de todas maneras, y tuve que parirla en formato cuento. Dado que estaba justo en medio de las correcciones para Universos…, lo incluí ahí. Varios me han dicho que es el mejor cuento del libro. Desde entonces que trabajo en la novela, para desarrollar ese mundo que ya esbocé. Con respecto a lo que mencionás de la identificación cultural, eso nos pega mucho a los argentinos; la gran mayoría hemos limitado nuestro horizonte a la cultura yanqui, y en menor medida, a la asiática y la europea. Entonces, vas a ver Cóndor Crux -película de animación argentina- y te emociona por más que sea una mierda, porque hablan en vos y reconocés las voces de los actores y aparece el Obelisco. El ejemplo de El Eternauta es paradigmático y a mí también me sirvió de inspiración, junto a los cómics del ya mencionado Salvador Sanz. Él siempre aprovecha para meter alguna referencia a Buenos Aires: monstruos alados en el Congreso Nacional, lluvia de sangre en el Abasto o un ataque zombi en el Museo de Ciencias Naturales, y esa identificación es hermosa, porque decís “¡Yo estuve ahí! ¡Eso podría pasar en mi barrio, en mi propia casa!”. De todas formas, si ambiento mis historias en Buenos Aires no es por un fanatismo porteño ni un nacionalismo exacerbado, sino por algo mucho más sencillo y honesto: viví en Buenos Aires casi toda mi vida, es lo que más conozco. Por ende, es de lo que mejor puedo hablar.

– ¿Cómo fue la presentación y recepción de los libros por parte de los lectores y público en general? ¿Dónde los conseguimos si queremos comprarlos?

– Hay una especie de consenso general en que mis libros son perturbadores, muy visuales, que estimulan lo sensorial, que tocan lo cotidiano. Todas cosas intencionales desde un principio, así que estoy feliz de haberlo logrado. Por supuesto, hay de todo: a mis viejos y a mi novia, así como a muchos amigos, les desagrada lo que escribo, aunque les gusta cómo escribo. Eso ya es suficiente estímulo, ya que el qué es muy subjetivo, imposible de juzgar. En cambio, que el cómo funcione habla muy bien de uno como artista. Tanto Desfile… como Universos… se pueden conseguir en una serie de librerías en el siguiente link podemos ver los puntos de venta-. Paralelamente, están disponibles en Mercado Libre. Y por último, siempre se me puede encontrar en Facebook y acordar conmigo para comprarlo en persona.

– ¿Qué tan difícil es editar un libro?

– Lo único que hice yo fue buscar editorial, mostrarle los textos, esperar su aprobación y poner el dinero que se me pedía. A los dos meses ya tenía los ejemplares listos. Es tan sencillo como cambiarse las medias. Lo difícil es, en cambio, encontrar una buena editorial. Yo con Expreso Nova estoy muy satisfecho.

– Yendo al punto, ¿Cómo nació Desfile de Fenómenos? ¿Qué nos quieren contar todos esos fenómenos de los cuentos?

– El primer cuento, que se llama Bebé, surgió en la navidad de 2009, cuando trabajaba en Cúspide Libros. Este fue un punto de inicio para una nueva etapa en mi escritura, que iría mutando y floreciendo, pero siempre respetando esta raíz. Los años siguientes seguí creando y en 2011 ocurrieron dos cosas decisivas. Por un lado, arranqué el taller de guión de cine con Kristian Colantonio, en el que empecé a escribir todos los días y a entrenar sin descanso, sin depender de los mágicos momentos de inspiración; con Kristian aprendí a tomar la escritura como una profesión, no como un hobby. Por otro lado, abrí mi blog, donde muchos de los cuentos de Desfile… se gestaron. ¿De qué escribía? De historias de desamor o amor frustrado, de personas malformadas, de inadaptados e incomprendidos. Era mi propia versión de La Melancólica Muerte del Chico Ostra -libro de cuentos de Tim Burton, escrito en verso-. Estos fenómenos están marcados de alguna manera, dolidos o enojados, no hay finales felices, hay trastornos psicológicos, sociales y sexuales. Y quizá lo más angustiante es que la mayoría no pueden ser salvados.

– ¿Y en Universos Despiadados qué pasa? ¿Pensás que estamos atravesados por varios universos despiadados o que vivimos en sólo uno, que nos encierra y nos ahoga en múltiples formatos diferentes?

Universos… surgió como un cuestionamiento, un replanteo de la sociedad moderna, del ser humano, del papel que juegan los grandes monstruos que dominan el mundo, como el machismo, la misoginia, la homofobia, la explotación laboral, las inseguridades que llevan a consumir drogas o a operarse el cuerpo, el abuso de la autoridad, las relaciones parásitas, etcétera. Es una obra más madura, menos pasional y heterogénea que Desfile… Acá expongo la crueldad existente en la especie humana en varias de sus formas, y la ubico en distintos escenarios o universos. De ahí el nombre.

– En mi opinión, tanto Lucas y Amadeo, como así también la “dueña” de Luli y Bianca -todos personajes de Universos…- también podrían formar parte del “desfile de fenómenos”, por su condición y su forma de actuar. ¿Esto podría ser así? Tengo la idea, igualmente, que en Amadeo, el monstruo es Lucas, el hermano mayor… ¿hay un hilo conductor entre los dos libros?

– Ambos libros tienen muchas cosas en común, no lo niego. Tampoco los escribí en etapas muy distintas, así que no es raro que algunos cuentos puedan dormir en ambas casas. Yendo a los ejemplos concretos, en Amadeo tenemos una doble visión de la crueldad que es consigna del libro: Lucas por un lado, que como bien decís es bastante perverso por su mentalidad, y Amadeo por el otro, que resulta tan incomprensible e impredecible que se vuelve una bomba de tiempo. En El Valle Inquietante -cuento de Universos… también hay una fuerte presencia de lo despiadado: el doctor Gläscher Krum accede a intervenir quirúrgicamente a la protagonista cada vez que se lo exige, supeditando lo moralmente correcto a los números en un cheque.

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– En los cuentos sobrevuela cierto aire de desesperanza, pesimismo, una especie de agobio y opresión… ¿Esta atmósfera forma parte de un estilo propio a la hora de narrar?

– Me siento realmente a gusto narrando lo terrible, es mi terapia. Soy un escéptico, sí, y mi forma de expresarlo es a través de la escritura. Todo, incluso mis estados de Facebook, mis reflexiones personales, todo lo que pongo en palabras, viene manchado con mi desencanto ante el mundo. Si bien tengo mis momentos de angustia, de desesperación, de ira y de frialdad, me considero a la vez un tipo feliz, muy capaz de disfrutar de la vida. Y es que ambas cosas, el escepticismo y el hambre de vivir, van de la mano: quien sabe que no hay un dios ni un sentido en la vida, es más libre de buscar placeres, de revolcarse en ellos sin prejuicios o supersticiones, y también de salir del infierno por cuenta propia, evitando la pasividad que plantean el rezo o la meditación; de esta forma nos hacemos más fuertes y preparados para el próximo round. En mis personajes eso se nota. Fijate que Lucas convive con la criatura que más teme, y la chica de El Valle Inquietante no se deja amedrentar ante las circunstancias que la alejan de su cuerpo deseado. Muchos de mis personajes están sumergidos en la mierda, y hacen lo posible por salir de ella, con o sin ayuda.

– ¿Cuál podría ser tu musa? ¿Pensás -como muchos sostienen- que en la tristeza, soledad y desesperanza se puede encontrar la mayor inspiración a la hora de contar algo, sean cuentos, poemas o canciones? ¿Qué papel juega el amor en todo eso? ¿Y el sexo?

– Mis musas son varias: alguna circunstancia o noticia del mundo real, una situación o imagen de alguna obra, un pedazo de diálogo o, principalmente, una manifestación de mi subconsciente. Y es que tengo muchas cosas que contar de mí: traumas, frustraciones, deseos, fantasías, temores. Los años de terapia ayudaron a que me fuera más fácil sacar esos gusanos de adentro. Vos preguntás si existe inspiración en los sentimientos dañinos o catárticos, y yo te digo que no. Los sentimientos no me parecen material suficiente para “inspirar”, que por otro lado es una palabra de mierda porque el arte no es un momentito fugaz de iluminación, sino un laburo constante. La creatividad no es un pájaro que entra por la ventana, es un perro que viene cuando lo llamás. El amor tampoco tiene participación a la hora de edificar una historia. Casi todas mis historias tocan el tema del amor, pero como eso, como un tema, metido en circunstancias movilizadas por personajes y acciones. Una historia es una historia, no un sentimiento. Contarla requiere de experiencia vivida, de haber salido de tu casa, de conocer gente, de haber trabajado y salir a divertirse, tener sexo y probar todo lo que esté a tu alcance. De recolectar anécdotas, tuyas y ajenas, y mezclarlas y moldearlas como si fueran plastilina. El sexo es circunstancial, puede ser un elemento en una historia -lo es en la mayoría de las mías-, pero tampoco alcanza para ser un factor creativo. Ojo, todo esto es sólo aplicable a la narrativa, tanto cuento como novela. La poesía es harina de otro costal. En ella sí dependo casi exclusivamente de lo irracional, de lo pasional. Mis mejores poemas fueron movidos por la angustia, la decepción y el odio. Pero porque la poesía es justamente eso: la expresión pura del alma, es donde está la sangre más espesa. Por supuesto, todo esto es discutible, y lo más probable es que muchos piensen diferente.

– Tanto en Mariposas como en El Valle Inquietante está en juego el tema de los “cuerpos modélicos”, cómo se ve uno mismo y cómo quiere que lo vean los demás. ¿Cómo influye en tu literatura todo este juego de “la imagen que queremos dar”, relacionado con la televisión, la publicidad, las redes sociales y todo que repercute en cuanto a la formación de un “cuerpo propio”, cirugías estéticas, etc.?

– El tema del cuerpo incorrecto y la disconformidad con él tiene que ver con una cuestión de mi vida personal. Desde que nací hasta mis once o doce años, yo fui una pelotita de manteca. No era gordo, pero tenía mis rollos y unos buenos cachetes. Además era pálido, ojeroso, me cansaba muy rápido en los deportes, tenía pie plano y arco vencido. En mi adolescencia adelgacé de golpe, y me volví un espécimen demasiado flaco, peludo y con granos en cara y espalda. Hermoso. Las mujeres me rodeaban, pero sólo por mi amistad. Recién a los veinticuatro tomé un consejo y cambié mi imagen, lo que derivó a un cambio de percepción de mí mismo. Nada muy elaborado, sólo un retoque en mi look. Y voilà, la autoaceptación llegó. Me tomó casi un cuarto de siglo darme cuenta de que soy bello como soy, sin necesidad de agregados o modificaciones, sólo variando mi guardarropas. Los inmensos “Adonis” con los que nos atragantan constantemente eran mi referencia para sentirme un asco, un prototipo de humano, y eso nos ha pasado a muchos. En mi proceso de autoaceptación hice una sesión de fotos desnudo; es mi manera de contemplar mi cuerpo, de admirarlo por cómo es, con todos sus defectos pero también con su belleza particular. Las fotos están en Internet y quien las busque las encontrará. Por otra parte, estudié publicidad. En una discusión con una profesora, ella me demostró que la publicidad no busca suprimir los estereotipos, sino crearlos y fortalecerlos. La persona blanca y delgada es linda. Todas las demás opciones, no. Entonces, claro, surgen la anorexia, la bulimia, las cirugías, la sobreejercitación, el consumo de anabólicos, de productos light y de todos los fármacos que toma Marcela Brane -famosa por protagonizar en los años ’90 una famosa publicidad sobre los beneficios de una píldora para bajar de peso- para quedar “más linda que nunca” -como rezaba dicha publicidad-. En un mundo de pura imagen, sólo parece haber lugar para dos opciones: la metamorfosis o el suicidio. Eso denuncio en historias como El Valle Inquietante.

– En este apartado entra en juego, como dije antes, la mirada que uno tiene de sí mismo y la mirada de los demás… ¿Es difícil el camino hacia la autoaceptación? ¿Es necesario que uno aborrezca sus propias alas al punto de cortárselas y perder vuelo sólo por la mirada ajena?

– El camino a la autoaceptación, para aquel que no la tiene, suele ser muy empinado y pedregoso. Según el cine, la publicidad, las revistas y la pornografía, si no te parecés a Michael Fassbender o no tenés las tetas de Eva Green, sos basura. ¿Cómo encontramos el amor propio si constantemente nos muestran personas que son felices por ser lo que no somos y tener lo que no tenemos? Y no hablo sólo de imagen. Mucha gente se considera idiota cuando roza la genialidad. La falta de autoestima es un flagelo epidémico, incluso en personas honradas, bellas, inteligentes, creativas, lúcidas y fuertes. Y lo peor es que el otro extremo son los soberbios, los que se creen sabios cuando sólo repiten palabras ajenas, los que arrogan bondad cuando todo lo que saben hacer es destruir y denigrar. Y esto no es autoaceptación, es también un complejo de inferioridad. Para creer en uno mismo, pienso que no hace falta sacrificar lo que uno es por agradar al otro, pero hay una realidad: si vas encorvado por la vida, transmitís esa inseguridad al resto. Lo que a mí me funcionó fue salir de la postura de víctima, aceptar mis defectos y virtudes, pararme más derecho y mostrar siempre un genuino respeto hacia el otro, sin permitir que me lo falten a mí. Digamos que hay dos tipos de transformaciones: las que impone el mundo de la imagen, que debemos evitar, y las personales que pueden significar un avance, una estimulación para empezar a sonreír al vernos al espejo.

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– “Globos… un escalofrío me rasga la espalda”. Si bien hablás de la ligirofobia, no puedo dejar de relacionarlo con el actual presidente argentino…

– Si bien me repugna el presidente, su partido y todos los ideales que defienden y representan, la realidad es que el tema de los globos se reduce a algo mucho más simple: me dan miedo. Yo soy ligirofóbico -alguien que teme a los ruidos fuertes y repentinos como las explosiones- y quise volcar esa fobia en un cuento. Además, considerá que en la historia los globos son rosas, no amarillos.

– Ya fue suficiente de esto. Vayamos a algo más sencillo, básico y terrenal, para quienes no te conocen ni leyeron nada todavía. En el cuento Bebé noto ciertos dejos “Lovecraftianos”… Y a la hora de trazar un perfil, surge inevitable la pregunta sobre los autores que más te gustan y te marcaron, no sólo a nivel literario sino también en cine y en todo lo que pueda a formar parte de un conglomerado de elementos que volcás en tu prosa.

– Tengo toda una multitud de influencias. En la literatura, creo que el primero en partirme la cabeza fue Oscar Wilde. De todas formas, mi influencia por antonomasia es Bukowski. Después les siguen Palahniuk, George R. R. Martin, Cortázar, Lewis Carroll, Osvaldo Lamborghini, Kafka, Nabokov, Camus, Kerouac y Hunter Thompson, por decir sólo algunos. Lovecraft me gusta mucho, pero no lo considero una influencia. De hecho, como escritor era bastante malo. Después, en las otras áreas, están Silent Hill y Alice: Madness Returns dentro de los videojuegos; algunos animés como Serial Experiments Lain, Elfen Lied, Hellsing, Neon Genesis Evangelion y Paranoia Agent; H. R. Giger, Magritte, Escher, Santiago Caruso, Rebeca Dautremer, Benjamin Lacombe, Mark Ryden y David Stoupakis en las artes plásticas; Salvador Sanz, Hellboy, The Sandman, Frank Miller, Alan Moore, Shintaro Kago, Suehiro Maruo y Gantz en historieta; Terry Gilliam, Stanley Kubrick, Tarantino, Tim Burton, David Cronenberg, Alex de la Iglesia, Satoshi Kon, Hayao Miyazaki, Jan Švankmajer y otros del cine. En cuánto a música, están Therion, Eluveitie, Diablo Swing Orchestra, Triddana, Rammstein, Of Monsters And Men, The Glitch Mob, Die Antwoord. Es muy probable que me esté olvidando de muchos, o los haya omitido por pereza cerebral, pero estos son los que puedo ofrecer ahora.

– Tengo una pregunta importante ¿Qué pensás de los libros de autoayuda?

– Cuando trabajaba en Cúspide, una vez vinieron los de C5N -canal de televisión por cable- a hacer una nota sobre los libros de autoayuda y me ofrecí para ser entrevistado. Dije algo muy similar a lo que pienso hoy en día: que quienes leen autoayuda son personas muy perezosas para ir a un psicólogo y que entonces prefieren leer un libro lleno de frases hechas para encontrar una solución a sus problemas. Más tarde, le comenté esto a mi viejo y él me confesó, algo dolido, que a él le gustaba este tipo de literatura. He conocido una amplia variedad de lectores de este género: desde un ser despreciable que me llamó “hijo de puta” a los gritos en medio del local, hasta un hombre tan bueno, noble, gracioso, inteligente, culto y tierno como mi viejo. Me parece que la autoayuda, como la religión y ciertas terapias, son formas que han encontrado distintas personas para descubrirse a sí mismas, para encarar los problemas, para hacer un poquito más ameno a este mundo tan hostil. Y eso no es malo. Que lo lean quienes lo deseen, si eso les funciona.

– ¿Cómo ves la situación actual de la literatura a nivel nacional?

– No sé. No considero haber leído lo suficiente como para dar un veredicto. Pero por decirte algo: los autores con quienes compartí libro en las antologías Cuentos de la Abadía de Carfax 4 y Sangre Fría son, en general, magníficos. También varios de los que leen en el ciclo Los Fantásticos, coordinado por Gilda Manso. Hay unos autores del carajo en este país, como Fernanda García Lao, y otros que no sabés cómo se les permitió presentar su material. El under, más que nada, está plagado de intentos fallidos. También he visto en Internet a ciertos autores haciéndose los cool, con una actitud de rockstar que los hace ver bastante soberbios. Hojeé un libro de uno de ellos y me resultó tonto, demasiado inmaduro. Creo que uno como artista debe concentrarse más en hacer un buen material antes que en los autógrafos.

– ¿Cómo está el mercado de libros a nivel regional?

– La situación concerniente a “lo editorial” viene bastante mal. Hay librerías que cierran, los costos de las imprentas suben desmesuradamente, hay poca plata, y la apertura de importaciones podría tener una repercusión negativa en los productos hechos acá. De todas formas, hace rato que las ventas disminuyen cada año y por eso Cúspide ahora te vende de todo como si fuera un bazar chino. También hay muchas librerías excelentes que no tienen la fama que merecen, quizá por ser muy “de barrio”. Buenos Aires está repleta de ellas, pero el público masivo prefiere las cadenas. Algo que me asusta un poquito: en los transportes públicos, donde se solía ver leyendo un libro a tres o cuatro personas por vagón o por colectivo, hoy en día cada vez son más quienes veo pasando el dedo por una pantalla. Y no es que estén leyendo un libro en digital, precisamente.

La charla podría continuar durante horas, pero con estas apreciaciones decidimos que “el espacio es tirano” también en la Web y damos por terminada la charla. No obstante, le comentamos que Nahuel Fernández Etlis va a estar dando una charla en la Feria del Libro 2016 -del 21 de abril al 9 de mayo en La Rural– este viernes 6 de mayo a las 18, en la presentación de la colección de cuentos de terror de PelosDePuntamás info acá– y también va a estar vendiendo sus libros en Argentina Comic Con -del 20 al 22 de mayo en Costa Salguero-. Es una buena oportunidad para conocerlo, interpelarlo un poco sobre sus Universos Despiadados y, por qué no, preguntarle sobre sus talleres de cuentos y pedirle algún consejo… la invitación está hecha.

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