Review: Lollapalooza Argentina 2016 – parte 02 (18-03 y 19-03-2016)

Review: Lollapalooza Argentina 2016 – parte 02 (18-03 y 19-03-2016)

4 comments 📅23 marzo 2016, 16:22

Por Mariano Aratta // @gutenseth

Ph: Alive Coverage

Ya les contamos en este espacio un poco -bastante- del Festival Lollapalooza Argentina 2016. Pero para un show tamaña magnitud cualquier espacio es ínfimo, por eso dejamos para esta ocasión un repaso por las bandas más grandes, las confirmaciones, lo más esperado y, por qué no, algunos sinsabores ocasionales.

Y si hablamos de “gente realmente grande”, tenemos que hablar de Tame Impala, quienes se presentaron en la noche del viernes. La banda australiana ya había tocado el día anterior en un colmado Teatro Vorterix en su propio sideshow. No obstante, en el imponente marco del Lolla, los australianos desplegaron toda su magnificencia al aire libre con sus melodías psicotrópicas y alucinógenas, en viaje a los ’70 pero con toda la modernidad presente en cada golpe de percusión. Las guitarras vintage y los pedales de efectos de Kevin Parker, líder y compositor de la banda, la voz que viaja en amplio rango desde agudos a más agudos todavía y la hipnosis que generan desde las pantallas nos ofrecen un espectáculo nuevo y único. Sin necesidad de consumir ninguna sustancia ya estamos en “un viaje” y ese es el poder de la música cuando está bien ejecutada y cuando quienes la comparten con el auditorio son jóvenes maestros. Es la cuarta vez de Tame Impala en el país y esperamos que no sea la última, ya que queremos más de este nuevo brillo que vive la psicodelia en el rock del siglo XXI.

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Y de un viaje mental pasamos a un viaje en el tiempo, más precisamente a los ’90, para describir dos shows bien diferentes de íconos de esa década: Eminem y Noel Gallagher, con su banda High Flying Birds. ¿Qué decir del rapero blanco de Misuri? El sobrevalorado “Slim Shady” demostró que no hay que saber cantar ni hacer música para convocar miles de personas. Con mucho sample y muy poca simpatía, hizo delirar a su gente. El británico, en cambio, demostró que su actual banda está lejos del divismo de Oasis e inclusive que suena mucho mejor. Es difícil sobrevivir a un clásico de nuestros tiempos e incluso superarlo, pero Noel no fue nada egoísta, nos mostró mucho de su propia cosecha y también se despachó, a diferencia de Hammond Jr., con clásicos de su vieja banda: Champagne Supernova, Wonderwall y Don’t Look Back In Anger -en versión a capella para que el público se dedique a cantar mientras él rasgaba su acústica- hicieron que muchos veteranos derramen un par de lágrimas y que tantos otros que no estaban frente al escenario principal se vengan corriendo desde la otra punta del Hipódromo para entonar algún clásico de hace unos 20 años. Otro que cumplió con la premisa fue Brandon Flowers. El estadounidense hizo vibrar a su gente con algunos éxitos de su anterior banda –The Killers-: abrió con Human, promedió el show con Jenny was a Friend of Mine, Read my Mind y cerró con Mr. Brigthside. Eso sí, ninguno de ellos super hits radiales, lo cual estuvo muy bien.

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El primer día llegó a su fin con música en formato electrónico: el mencionado Eminem; Zedd, con un sonido especial que mezcla Dub y House -en el Perry Stage, el escenario de electrónica-; y, finalmente, Diplo y Skrillex hicieron bailar a los que se quedaron a la trasnoche con su proyecto Jack Ü, una de las fusiones más interesantes de los últimos tiempos.

El segundo día fue mucho más rockero que el primero, destacando los shows de los californianos Bad Religion, icono Punk que ama venir a este país –“nuestra primera gira fuera de EE.UU. fue hace 20 años y vinimos a Buenos Aires”, declaró como para que no quede ninguna del romance un sonriente Greg Graffin, voz principal de la banda. Un ratito antes, en el escenario principal, la banda sueca Ghost nos dio una cátedra de cómo manejar la escena: con máscaras y de frac, elegancia teatral en cada movimiento y un halo de misterio en todo lo que los envolvía, nos hicieron sentir que los ’80 tenían una cuota de rock pesado y de oscuridad que, a pesar de lo que dicen las abuelas, no era algo “tan malo”. Sus melodías son penetrantes y pegadizas. Su sonido, limpio y cristalino, con bases electrónicas en algunos temas y riffs potentes y rockeros en otros. Quienes no conocíamos esta legendaria banda, nos llevamos una grata sorpresa.

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La heterogeneidad de la oferta musical es algo que siempre es para destacar en el Lollapalooza. A la grilla se sumaron con excelentes actuaciones los locales metaleros Carajo, con un sonido impecable y mucho más fuerte que de costumbre -imaginen cómo sonó entonces… ¡increíble!-, Eruca Sativa con su renovado estilo visual y sonoro, un Boom Boom Kid que no paró de moverse para exorcizar al lugar –“limpiemos con música este lugar donde mueren caballos sólo para el divertimento de los seres humanos”, fue la prédica de Nekro, realmente bienvenida entre muchos de los asistentes-, Los Espíritus -banda en ascenso que ya está rankeando entre las más populares-, Meteoros -el proyecto transnacional de Ale Sergi, Julieta Venegas y Cachorro López– e infinidad de DJ’s y raperos locales e internacionales que quieren hacerse conocer entre el gran público.

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Y si hablamos de la variedad musical que anduvo dando vueltas por los cuatro escenarios, tenemos que hablar también de la convivencia pacífica y respetuosa de diversos estilos bien personales, algunos indescriptibles y alocados, otros ya conocidos entre las llamadas peyorativamente “tribus urbanas”, todos con la mejor onda para compartir una fiesta en donde tanto músicos como asistentes eran protagonistas. Como detalle de color, pudimos divisar entre el público banderas de países limítrofes y no tanto, como Bolivia, Paraguay, Uruguay, Brasil, Colombia, Venezuela e inclusive Sudáfrica. Sin dudas, el Lollapallooza es un festival que convoca a propios y ajenos. Es que esta tercera edición local es una clara marca de la revolución musical Hi-Tech, de Spotify -que contó con su propio stand-, Internet y de los nuevos lenguajes comunicacionales, no sólo al nivel de los artistas, sino también a lo que se refiere a diseño, código y color de una nueva forma de dialogar que ya es tan normal que los que estamos inmersos en este mundo tenemos que extrañarnos y mirarla desde afuera para poder explicarla. Esta es la revolución de la era digital adaptada a la música, la fiesta y los eventos masivos.

Volviendo a la música, no podríamos dejar de mencionar a la esperada Florence Welch, que de sensual rojo furioso y descalza, emocionada hasta las lágrimas pensando que por la lluvia no iba a haber nadie mirándola en este país tan lejano de Sudamérica, cantando y ejecutando en forma magistral su arpa, acercándose al público en más de una ocasión, convocó más gente de la esperada con su banda Florence + The Machine. Temas como el coreado Shake It Out o el contagioso Dog Days are Over eran una cuenta pendiente en estas tierras. Florence demostró con personalidad que está llamada a ser una de las nuevas divas de la escena alternativa.

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Otra de las visitas más esperadas fue la del dúo electrorrapero Die Antwoord. Una extraña mezcla de ritual satánico, algo otaku por aquí y algo vudú por allá, pero con un sonido potente que nos pateó directo al pecho, un frenesí espasmódico y unas ganas de bailar contagiosas, sin duda se robaron la escena del Perry e hicieron mover al gran número de personas que estaban ahí por ellos, al igual que en el sideshow que habían dado en La Rural un par de días antes. Todavía indescifrables para el público local más masivo, que no está tan acostumbrado a estos nuevos géneros de moda en EE.UU. y ciertas partes de Europa, los muchachos del gueto agradecieron esta visita y se quedaron con ganas de más.

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Y si destacamos a Tame Impala como la banda que mejor sonó en el primer día, la segunda jornada tuvo en Alabama Shakes a un grupo que está en su mejor momento y que nos brindó un show que difícilmente olvidaremos. El combo estadounidense liderado por Brittany Howard, completó uno de los mejores shows del festival, con esa mezcla de Blues y algo de Country, la  voz potente y carismática de una Howard que también se las entiende en forma perfecta con su guitarra SG de Gibson. Future People, Dunes, Hold On y el zarpado y “aullado por todos” Don’t Wanna Fight hicieron que el público disfrute, manos arriba, ojos cerrados, caderas moviéndose… Alabama Shakes brindó uno de los mejores shows con un Soul/Blues explosivo.

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Y con poco más para describir, llegamos al final. Se fueron dos jornadas intensas en el Hipódromo de San Isidro, en términos musicales y sociales, en un encuentro que esperemos se repita de la misma manera o, incluso, superadora, si es que eso existe.

Dejamos a continuación una nueva tanda de fotos de prensa:

 

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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