Review: Mad Max – Fury Road

Review: Mad Max – Fury Road

0 comments 📅29 mayo 2015, 14:35

Por Mariano Aratta
@gutenseth

Hollywood, de un tiempo a esta parte, se llenó de remakes y reboots. Por lo tanto, uno siempre concurre al cine con ojo crítico -en el sentido negativo del término- ante la actual carencia de ideas que hay en esta industria. A priori, por los trailers previos y la info de prensa, Mad Max: Fury Road poseía una legión de expectativas puestas sobre un par de puntos un tanto discutibles, como la mejora en los efectos especiales con respecto a la original de 1979 y el retorno de George Miller en su rol de director, tarea que había realizado hacía ya 36 años con la Mad Max de Mel Gibson, una película de culto. A posteriori, el film cumplió esas expectativas y las superó ampliamente: Tom Hardy cumple pero no brilla, Charlize Theron es la estrella en un mundo oscuro post-apocalíptico, los FX, la música incidental -y no tanto- y la acción son superiores a todo lo visto durante estos últimos años en pantalla grande. Mad Max: Fury Road derrocha adrenalina, a punto tal que muchos cuarentones no podían ni respirar sentados en su butaca y sonreían ante cualquier guiño al cine de los ’80. Sin dudas, es una película que no da tregua, que «se pasa volando» y que nos sumerge de lleno en un mundo de violencia y destrucción, donde la consigna Punk del «no future» y la anarquía están a la orden del día.

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Este es el paisaje que rodea a Max RockatanskyHardy– y a Imperator FuriosaTheron-: sangre, fuego, gasolina, desierto y sudor durante dos horas que no dan tregua. Todo el film es una única y larga persecución en la que todos, absolutamente todos, tienen muy poco de cuerdos. No importa mucho tampoco. Luego de unos minutos de preámbulo para conocer mínimamente quién es quién y el universo en el que se ambienta la película, Furiosa pisa los pedales de su camión y nos arrastra, con un acelere de los que pegan al asiento, a la espiral de locura. Mad Max: Fury Road es eso, una oda a la locura y a la degeneración que, frenética, se monta a los lomos de un tropel de automóviles tuneados, camiones de guerra y máquinas feroces como depredadores. El nudo del conflicto surge cuando al villano de la película, un tipo llamado Immortan JoeHugh Keays-Byrne, mismo actor que interpretó a Toecutter, «el malo» de la original- le roban su harén de mujeres y quiere recuperarlas. En esa carrera furiosa y apresurada por recuperarlas Max se ve arrastrado más a su pesar que por voluntad propia.

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Uno de los elementos importantes de esta nueva encarnación del ex-policía post-apocalíptico es que mantiene la esencia de sus antecesoras. La ruta o el desierto no sólo son un escenario, sino un protagonista más en la historia. John Seale, el director de fotografía, hace un excelente trabajo con paisajes inspirados en el desierto inhóspito; el polvo, la arena, la suciedad y el sudor son elementos que combinan y crean un ambiente vívido. Desde los claroscuros de la noche hasta los rayos de sol del mediodía, la acción no se pierde en colores ambiguos, sino que se vive a través del escenario que nos muestra. Y esto es increíble, pero también para lamentarse un poco, ya que la película está dirigida a dos públicos: los amantes del cine de acción y los conocedores de la saga. Por ende, otro tipo de espectador no demostrará el mínimo interés por este mundo Cyber-Punk y, dentro del menosprecio en el cual suele caer este género dentro del cine denominado peyorativamente «culto», se perderán de este juego visual de colores increíbles, paisajes sublimes, la música de Junkie XL -alias del músico Tom Holkenborg– y unos efectos especiales que parecen totalmente reales -cada juego de FX está puesto donde tiene que ir y no se abusa del recurso, con lo cual la película no se sobrecarga-. Todo el diseño, la estética y la dirección artística de la película es una maravilla. Sumado, claro está, a la mencionada labor de Theron: una vez más queda demostrada su versatilidad, ya que la sudafricana le hace frente al desafío de cualquier cambio, tanto físico y estético, como dramático, y pareciera que cualquier papel le queda bien. Porque si bien Max es quien da título al film, Furiosa es quien protagoniza y lleva adelante todo el conflicto central, además de «conducir» el hilo en casi todas las acciones. Nicholas HoultBestia en los films de X-Men– también se adueña de la pantalla en el papel de Nux y junto con Furiosa opacan a todo el que se les pare al lado. Un paso por detrás queda entonces Hardy, aunque es realmente curioso volver a verlo con la cara tapada con una especie de máscara animal, tal y cómo lo hizo cuando interpretó a Bane en Batman: The Dark Knight Rises.

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Lo interesante es que dentro de todo el frenesí, Miller se las apaña para insertar magistralmente varios elementos fascinantes. Por un lado, todo el universo está lleno de detalles y de referencias que consiguen hacer que todo tenga algo de sentido. Es una sensación peculiar, pero comienza a ser notoria una vez transcurren los primeros compases de la película. Por otro, y con sólo una persecución, la película consigue tratar varios temas interesantes como rebelarse contra el sistema, la misoginia, la ecología, el terrorismo y, especialmente, la religión. Es toda una proeza teniendo en cuenta que casi lo único que ocurre es, fundamentalmente, autos y camiones que se persiguen entre fuego y gasolina por desiertos y páramos. Un detalle a tener en cuenta: la que posiblemente sea la mejor escena de pelea y acción de toda la película… no se ve. Efectivamente, no es mostrada, queda librada a la mente de cada espectador.

Mad Max: Fury Road es buena por eso. Muestra lo que pretende mostrar. Es fácil hacer explotar cosas, destrozar extras bajo las ruedas de un camión de varias toneladas y tirar sangre falsa a litros. Y mientras tanto, cuenta historias, nos hace pensar, levanta preguntas que luego responde sutilmente. En síntesis, la trama de la historia es simple y sencilla, pero no por ello la película es desinteresada, plana y aburrida. Es una completa revolución de emociones, de dinamismo, acción y exaltación en cada momento.

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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