Review: El Niño de Barro

Review: El Niño de Barro

0 comments 📅21 octubre 2014, 23:29

Por Lucas Robledo
@LucasRobledo

Un peso pesado español y otro argentino, unían fuerzas para producir una prometedora película de suspenso basada en uno de los casos policiales más fuertes de la Argentina. El “petiso orejudo” fue un asesino que con menos de 16 años ya había asesinado a muchísima gente de la forma más brutal, ya que no solo se conformaba con asesinarlos, sino que los torturaba de formas indescriptibles antes y después de muertos. Cayetano Santos Godino era su nombre real, y había nacido el 31 de octubre de 1896.

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A decir verdad, la historia argentina no tiene grandes casos policiales para plasmar en el cine, ya que quitando la dictadura (plasmada infinitas veces) y la guerra de las Malvinas (plasmada pocas veces y de formas no muy convincentes), solo quedan dos asesinos que azotaron las mentes de los criminalistas nacionales: el primer caso es el nombrado, el del “petiso orejudo”. Y después, quizás más popular por su conducta, fue el caso de Carlos Eduardo Robledo Puch (que para quien lo piense, nada tiene que ver con mi apellido familiar), joven criminal nacido el 22 de enero de 1952, apodado “el ángel negro” o en su defecto “el ángel de la muerte” por la prensa local de ese entonces.

Por eso, como decía antes, el productor español de renombre, Julio Fernández, y el niño mimado de la televisión argentina, Adrián Suar, deciden plasmar la vida de este joven, en una coproducción pocas veces vista por estos lares.

Al contrario de lo que se podría pensar, la historia no está enfocada en los asesinatos del petiso orejudo, sino que, por lo contrario, está enfocada en un joven protagonista que, por una cuestión psicológica, tiene premoniciones y puede ver a las víctimas del asesino. De esta forma, se crea un guión firme aunque demasiado inocente y predecible, que de suspenso tiene poco, ya que la estructura lineal de la trama da por sobreentendido ciertos aspectos que deberían quedar como incógnitas.

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La fotografía de la cinta tiene a perderse en lo opaco de muchos decorados, y también, en las locaciones elegidas, el juego de luces y la disposición de las mismas opta por tener un bajo recurso fotográfico y dejar que la cinta por completo parezca añejada, casi como una imagen gastada. De todas formas, las locaciones están muy bien elegidas y reconstruidas, además de estar filmadas de una forma inteligente, ya que mostrando poco y nada del barrio donde transcurren los hechos, se editan y se compaginan las tomas de tal forma que se completa la idea sin notar la poca variedad de decorados o escenarios.

La dinámica narrativa esta contrapuesta por un ritmo argumental firme pero sin demasiada fuerza, haciendo que por momentos la película se vuelva un tanto aburrida y se vaya de foco, ya que se le da mucha importancia a personajes secundarios para mantener la incógnita del asesino, quien de repente cobra una importancia desmedida con su aparición en el resto del film. Las actuaciones, por momentos, dejan bastante que desear, ya que la mezcla de excelentes actores con otros novatos o desconocidos no está bien balanceada y genera mucho contraste.

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La dirección está a cargo del español Jorge Algora (Inevitable) quien realiza una tarea demasiado básica y mediocre para merecer crédito alguno. Actúan la bella y talentosa Maribel Verdú (El Laberinto del fauno, Y tu mamá también, Belle epoque), el porteño Daniel Freire (El Censor, Lucía y el sexo, Arizona sur), el gallego Chete Lera (Abre los ojos, El Alquimista impaciente, Tocar el cielo), el novato Juan Ciancio (Mi Argentina privada) y el joven argentino Abel Ayala (Maradona – La mano de Dios, Grité una noche, El Polaquito), quien brinda una de las personificaciones más sorprendentes.

Desgraciadamente, la cinta es mucho menos de lo que promete. Tiene muchos puntos en contra y casi ninguno a favor, sobre todo si hacemos hincapié en el género al que dice pertenecer y observamos que es lo que nos transmite. Por momentos aburrida y un tanto obvia, la película no deja de ser una más de las tantas coproducciones que terminan quedando en el olvido, aunque si nos compenetramos con mucha fuerza en su historia, puede que nos mantenga atrapados por momentos.

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Lucas Robledo
Lucas Robledo

Game Designer y Producer. Redactor mercenario. Cinefilo conflictivo. Casi músico y muy poco de ilustrador. Gamer de la vieja escuela. Aficionado al terror, a los comics y a la literatura.

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