Review: Cuentos Borgeanos en Teatro Vorterix (12-10-2014)

Review: Cuentos Borgeanos en Teatro Vorterix (12-10-2014)

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Por Mariano Aratta // @gutenseth 
Fotos: Popi Garrido // www.fb.com/popigarridofotografia

«Schopenhauer escribió que la vida y los sueños eran hojas de un mismo libro, y que leerlas en orden era vivir, y hojearlas, soñar», dijo Borges cierta vez. Lo mismo se aplica a la lista que desplegó Cuentos Borgeanos en el Teatro Vorterix el pasado domingo 12 de octubre: canciones que vuelan juntas, pero no atadas, postales. símbolos. «Cantamos lo que sentimos. Somos como un libro. Por eso nos llamamos ‘Cuentos Borgeanos‘ y no ‘Los de la Esquina’… por decir algo», fueron de las pocas palabras que Abril Sosa lanzó al público que, si bien era bastante, no llegó a cubrir la sala, dejando varios espacios vacíos. Es que desde hace un buen tiempo el sonido del rock argentino está un poco estancado, con pocas excepciones luchando por mostrarse desde algún lugar del under, intentando sacudir un poco el óxido del momento. Así surgen bandas, algunas triunfan, otras cambian, otras desaparecen. El caso de Cuentos Borgeanos es emblemático: surgidos a principio de la década pasada como una bocanada de aire renovador y fresco, se separaron por «tiempo indefinido» en 2010 y, en este momento en el cual existe un vacío de sonidos modernos en el rock/pop local, que Cuentos se haya vuelto a reunir con nuevo disco y fuerzas renovadas no es un dato menor. Sobre todo después de la desaparición física de Gustavo Cerati y el flaco Spinetta.

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La puesta en escena del pasado domingo en Vorterix, con una estética particular para cada integrante, sobre todo Abril con elegante saco y «botas texanas» que para nada hacían juego con su camisa naranja; el video que fue proyectado minutos antes que salieran a escena -única mención en toda la noche al parate de la banda y al reencuentro posterior- y las constantes citas literarias y artísticas, sobre todo en las letras pero también en el trato de Abril con su público, no hicieron más que demostrar que la propuesta de Cuentos Borgeanos es diferente a la del resto de las bandas mainstream locales. La voz de la banda -por si quedaba alguna duda- demostró ser un talento en varios aspectos: toca todos los instrumentos -guitarra, bajo, piano y, obviamente, también se dio el gusto con la batería como en sus comienzos con Catupecu Machu, aunque Lucas Hernández es un excelente batero, de lo mejor de la escena local-. Además de eso, Sosa canta y baila -convengamos que un poco aparatoso-. Palabras mayores para su calidad vocal, una técnica y una voz envidiables hacen de la de Abril una de las mejores voces actuales del rock argentino.

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Si bien líneas más arriba comentábamos que no hicieron referencia al parate de tres años en toda la noche, la banda arrancó el show con Volar, tema que abre su nuevo disco –Postales– y que tiene una frase muy significativa: «Volar, volar… que volvamos a encontrarnos». Ese fue, sin dudas, un guiño al público, pero también hacia el adentro: la banda necesitaba reencontrarse con ellos mismos. Océano, Cuentos Imborrables, canciones con un Abril un poco tenso -como él mismo diría promediando el show-, para ir soltándose poco a poco. El momento más íntimo de la noche antes de los bises, sin lugar a dudas, fue la cita de Salvador Dalí en boca del cantante: «Los genios nunca deben morir», y luego de una sentida dedicatoria la imagen de Gustavo Cerati en pantalla (1959-∞) y una hermosa versión de Déjà Vu, del fallecido líder de Soda Stéreo.

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Con un «percusionista extra» además del baterista y animaciones rocambolescas desde las pantallas, la banda desarrolló un sonido muy prolijo, pulido, muy agradable a los oídos. Para los bises ya no dejarían bajar la adrenalina del público, comenzando con Estoico, una gran canción, con una instrumentación muy poco frecuente en el rock nacional y un sonido que lo acerca a lo británico e inclusive al JRock japonés, para luego seguir con un éxito tras otro: Mírame, Si Morir… llegando al final con Felicidades, Fantasmas de lo Nuevo, Eternidad y un Abril metido entre el público en un mosh tranquilo pero apasionado -muchas voces femeninas coreando los temas, muchas manos buscando la humanidad de Sosa en ese frenesí musical-. Luego de la canción Animales, un tema que nos lleva de la introspección al baile, también de su última placa, el cantante finalmente pudo superar el malestar inicial y soltarse, terminando tirado en el piso, agotadísimo luego de entregarse al máximo en escena. Con Frío dieron cierre a un show que parece haber sido más definitorio para la banda que para la gente. Nadie se fue triste ni decepcionado, claro está, pero los músicos «volvieron a encontrarse» entre sí y con su gente, en un show que tiene mucho de invitación y de canto al futuro.

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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