Review: Dream Theater en Mandarine Park (27-09-2014)

Review: Dream Theater en Mandarine Park (27-09-2014)

4 comments 📅30 septiembre 2014, 14:30

Por Mariano Aratta // @gutenseth
Fotos: AgentDark // @Echonny

Y si estar junto al río tomando frío en el estadio Mandarine Park durante la noche del sábado no parecía un plan a priori tentador, saber que en minutos nos encontraríamos cara a cara con la considerada por muchos «mejor banda del mundo» nos mantenía expectantes y eufóricos, más allá de la moderada concurrencia -lugar lejano, entradas muy caras, un show agotado la noche anterior-. Y qué decir de Dream Theater, que regresó por quinta vez a Buenos Aires: la legendaria agrupación de metal progresivo le puso calor y pasión a la ventisca ribereña, con momentos apabullantes, otros más «íntimos» y una demostración sublime de virtuosismo musical que dejó a todos los presentes conformes y con ganas de más a pesar del despliegue de más de tres horas de James LaBrie y compañía.

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Para destacar la organización, la puntualidad, la prolijidad en el acceso, todo en un combo indispensable para disfrutar una velada inolvidable. A las 20.30, como estaba anunciado, LaBrie, Petrucci, Myung, Rudess y Mangini estaban en escena. Como los seguidores de la banda ya sabrán, hubo una introducción en las pantallas con imágenes animadas alegóricas de todas sus épocas mientras sonaba False Awakening Suite, para luego dar comienzo con The Enemy Inside y, sin darnos tiempo para aplaudir, The Shattered Fortress. Así fueron mechando temas de varios discos de los considerados clásicos –On Backs on Angels, Trial of Tears, Enigma Machine, hasta llegar al final del Acto I con una alucinante versión de Breaking All Illusions-.

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Y mientras en las pantallas veíamos una serie de videos de fans tocando, algunos gags -un Petrucci Transformer imperdible-, grabaciones viejas -recomendamos buscar en YouTube el comercial de Band-Aid donde un Rudess de 12 años derrochaba talento en el piano- y muchas cosas más para amenizar la espera, todos entre el público sabían que la noche «estaba en pañales», ya que el show se dividiría en tres actos -al estilo obra teatral-, como venían haciéndolo en sus anteriores presentaciones de la gira.

En la segunda parte, LaBrie anunció que se cumplieron 20 años del disco Awake y, para sorpresa de la gente, se dedicaron casi pura y exclusivamente a deleitarnos con ese álbum, con gemas como The Mirror, Lie, Lifting Shadows of a Dream, Scarred y Space – Dye Vest, para finalizar el acto con una versión cuasi sinfónica de Illumination Theory, otro clásico de clásicos.

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De más está decir que cada uno tuvo su momento para lucirse: Petrucci con sus dedos mágicos -y su alianza matrimonial en el anular de la mano izquierda encandilándonos con las luces de escena-, Mangini con su sonrisa tan peculiar y una batería llenísima de artilugios, y el más querido y aplaudido, el señor Rudess con su carisma y su talento al piano, el cual sonreía feliz ante cada grito de «¡pelado, pelado!» que el público coreaba como si estuviera en un estadio de fútbol. El mismo Rudess, para el encore, salió con su sombrero de bruja y deleitó a la concurrencia un rato a solas y luego con sus compañeros. Myung, con su perfil bajo orientalísimo y sus dedos que no se ven de lo rápido que toca, también tuvo su momento, y obviamente recibió la ovación y el característico grito de «¡¡chino!!» de la gente local, entre las cuales había muchas señoras y señores ya entrados en años, con su campera de cuero y su puño en alto.

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Y así fue llegando el final, ni los más poderosos vientos de la costa, ni los aviones yendo y viniendo, pudieron tirar abajo la pared de sonido compuesta por Dream Theater. Se sucedieron Metrópolis Parte 2, Overture 1928, Strange Déjà vu, The Dance of Eternity y el genial Finally Free. Tres horas, quince minutos, con temas de alta complejidad, nada «cuadrado». Y Dream Theater sin despeinarse, incluida la barba de Rudess, como si estuvieran improvisando en la sala de ensayo. Una banda que rompe estereotipos y prejuicios. El metal no sólo es doble bombo y machaques. Acá hay virtuosismo y hay melodías. Pero además hay luz y «buena vibra», camaradería entre ellos y con su gente -como muestra vale el dato de color de Petrucci arrojando dos púas a un pequeñito que agitaba desde la valla, ya que la primera no la había podido alcanzar-. Todo bien lejos de ese lugar común de «metalero oscuro» que lamentablemente ostentan algunas personas. Una banda como Dream Theater, la mejor del mundo para muchos, nos deleitó con un show larguísimo a pura sonrisa, concentración y pasión.

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

  1. Bon-Pie
    04 octubre 2014, 23:13 Bon-Pie

    Seth, siempre leo tus notas y me encantan! Gracias por escribir y compartirlo 🙂

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  2. neron
    24 octubre 2014, 14:40 neron

    Excelente comentario. Una banda única ! (lástima que faltó publicidad, muchos nos enteramos tarde) Gracias.-

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    • Seth
      24 octubre 2014, 16:36 Seth Author

      Realmente una pena el tema publicitario, justamente se agregó una 2da función el sabado y habia poca gente, porque no fue promocionada esta nueva funcion. Gracias por leer, saludos!

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