Review: A Million Ways to Die in the West

Review: A Million Ways to Die in the West

0 comments 📅04 junio 2014, 01:39

Por Mariano Aratta

@gutenseth 

Gracias a la gente de la distribuidora UIP Argentina tuvimos la oportunidad de presenciar la Avant Premiere de A Million Ways to Die in the West, la última película del «multiterreno» Seth MacFarlane. ¿Por qué este apelativo? Porque MacFarlane no sólo dirige y actúa, sino que también escribió el guión, produjo el film, hizo varios de los temas musicales y vaya uno a saber cuántas cosas más. Un maniático y perfeccionista, sin dudas. No obstante, la película lejos está de ser perfecta. Es un entretenimiento lapidario, que nos hizo soltar varias carcajadas y que contó con un par de momentos hilarantes, sólo eso. Pero no es poco.

Vayamos por partes. Mucho se espera del bueno de Seth después de Family Guy, American Dad o Ted, que con su particular sentido del humor se hicieron prácticamente de culto. En esta ocasión nos trae un plot que ha sido usado en millones de películas del Far West, pero tamizado con ese sentido del humor absurdo, violento y por momentos escatológico típico de MacFarlane. En una doble vía, al mismo tiempo, se burla de este género de una manera salvaje y rinde homenaje a los clásicos Westerns norteamericanos.

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Ambientada en Arizona en 1882, la película está protagonizada por MacFarlane como Albert Stark, un criador de ovejas que no es el típico hombre rudo del salvaje oeste y que detesta vivir en esa época y lugar del mundo. Stark acaba de perder a su novia –Amanda Seyfried– en las manos de un empresario local adinerado –Neil Patrick Harris-. La única compañía que tiene son sus extrañas ovejas, unos padres que no lo pueden ni ver y su mejor amigo -aparentemente el único que tiene- Edward, interpretado por un genial Giovanni Ribisi, increíble en su patetismo. Mientras tanto, el hombre mas salvaje del país, Clinch LeatherwoodLiam Neeson– envía a su esposa AnnaCharlize Theron– a que lo espere en el pueblo mientras él resuelve unos asuntos. Pero ella y Albert se conocerán y comenzarán a involucrarse en una trama en la cual Anna, viendo lo sensible y bondadoso, pero también lo triste y pisoteado que es Albert, primero lo ayudará a reconquistar a su novia, pero luego lo terminará queriendo como más que un amigo… con la consecuencia obvia: el sombrío pastor de ovejas tendrá que vérselas cara a cara con el asesino más sanguinario del país.

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Si bien hay momentos épicos -un cameo muy especial, que muchos ya deben haber spoileado por la Web, pero que ahora no develaremos, así como también la «canción de la muerte» de Albert– hay también tantos chistes sobre el semen, la diarrea y la homosexualidad que, al igual que como pasó con Ted, terminan cansando y haciéndose repetitivos, dejando de ser divertidos. No obstante, MacFarlane plantea una narración graciosa e inteligente, porque en un momento esta comedia pareciera invitar a la reflexión, pero cae por el peso de su propio humor, entre chistes de penes y los intentos poco convincentes de ser ofensivo y chocante. Sobre los actores y la música no hay nada que decir, son brillantes y, por lejos, lo que nos mantiene en vilo en la butaca.

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Otro ítem a destacar, que da título al film y que es por momentos tan inverosímil que no podemos dejar de reírnos, es que las personas mueren todo el tiempo, de formas cada vez más increíbles -y en cualquier lugar- en ese año de gracia de 1882: en la calle, en la feria, en el bar, los comen los lobos, guerreros, forajidos, indios, herpes labial, cólera, una «barra de hielo asesina». ¿Por qué? Porque hasta los médicos son más aptos para lastimarte que para curarte. De hecho, desde el punto de vista de Stark, todo lo que vive allí que no sea uno mismo, quiere matarnos. Y eso es brillante y recorre transversalmente toda la película, casi como si la muerte fuera un actor secundario en un papel cómico.

A Million Ways to Die in the West de hecho no es un mal film. En mi opinión, aunque no en la de mi compañero Shezo, me parece mejor que Ted. Sin embargo, la repetición y el humor que ostenta terminan hastiando y opacando el otro humor absurdo, que también abunda y nos provoca carcajadas más genuinas.

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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