RetroNinja: “Buenos Aires en el Año 2080”, una historia verosímil

RetroNinja: “Buenos Aires en el Año 2080”, una historia verosímil

0 comments 📅27 Mayo 2014, 13:28

Por Mariano Aratta

@gutenseth 

Retomamos los controles de nuestra oxidada “máquina del tiempo” para movernos al año 1879, 135 años en el pasado. ¿Por qué ese año? Porque en 1879 fue editado un libro titulado Buenos Aires en el Año 2080, el cual estuvo “perdido” hasta hace muy poco tiempo atrás y posee la particularidad de ser uno de los primeros libros de Ciencia Ficción de la historia.

No sabemos qué es más llamativo, constatar si el libro fue predictivo o no, o bien darse cuenta qué es lo que pensaban como “futuro” hace 135 años. Vamos a desgranarlo juntos:

BsAS2080

Hace dos años atrás, un extraño libro/novela apareció dando vueltas por la Ciudad de Buenos Aires. En el sótano de una librería porteña, un coleccionista descubrió un amarillento ejemplar y consultó al librero, quién dijo que no recordaba con exactitud cuándo, pero que una anciana lo había vendido por poca plata. El libro pertenecía a la biblioteca de su difunto esposo. Se trataba de Buenos Aires en el Año 2080: Historia Verosímil. Su autor, Aquiles Sioen. El ejemplar había sido editado por Igon Hermanos en 1879 –para más datos: Librería del Colegio, Bolívar N° 60, Buenos Aires, 112 páginas-.

Sobre el autor no hemos encontrado otros antecedentes que los mencionados por Héctor F. Varela en el prólogo, donde expresa que “el señor Sioen es un distinguido periodista francés, que hace algunos meses se halla entre nosotros y que a pesar de haber venido muy recomendado a personajes (inteligible en el original) (…) ha permanecido callado, sin hacerse conocer, consagrado al estudio del idioma español y del país que ha venido a visitar”. Al parecer, el periodista francés era muy talentoso y observador.

Bs As en el futuro

La novela se desarrolla, principalmente, en un imaginado Buenos Aires de 2080, y en algunos terrenos patagónicos hoy en día peligrosos, esquivos y fríos, con lo cual no podríamos siquiera imaginar como eran en 1879 y mucho menos como serán en 2080. El comienzo del libro es “muy patagónico”, al estilo Julio Verne -quien también curiosamente escribió sobre esos parajes-:

“El 15 de octubre del año de gracia 2080, a las nueve de la mañana, Don Pedro, gobernador de la provincia de Colugüape, en la Patagonia Central, recibió de Buenos Aires el despacho telegráfico siguiente: ‘Ministro Obras Públicas espera esta noche a su hijo Enrique’.

Lo más asombroso es que el viaje en la ficción no se hace en avión o algo parecido, pero sí en un “convoy eléctrico” que salió de la estación San Cristóbal, capital de ColugüapePatagonia Central“como una flecha”. “Apresurémonos a decir que la línea Sud Americana que atraviesa toda la República Argentina, y que va del estrecho de Magallanes a Río de Janeiro –Brasil-, pasando por Buenos Aires y la Asunción –Paraguay-, es una de las mejores del mundo. La velocidad media es de 360 ‘kis’ por hora. Antes se decía kilómetro”, continúa explicando el autor y a nosotros nos ofrece un dejo de esperanza para el 2080: si para esa época siguen existiendo los ferrocarriles, quizás se concrete el proyectado riel llamado Trasandino Patagónico que arrancará de Zapala o San Carlos de Bariloche y cruzará los Andes “a 360 ‘kis’ por hora” –promesa incumplida de muchos líderes políticos durante años-.

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Aquel imaginario tren eléctrico podía transportar la fantástica cantidad de cinco mil pasajeros, tenía comedor y “comunica por intervalos, con varias piezas notoriamente indispensables, visto el estado de nuestra civilización: una sala para baños, una biblioteca, una capilla, un gabinete de lectura, un salón de juego, un teatro, una fonda, un café. Hay también dos bazares de toilette o tocador en donde viajeros y viajeras hallan toda clase de trajes y otros artículos necesarios”. También jardín. ¡Verdadera población andante! El convoy pasa por una estación llamada Linda e imagina universidades en Bahía Blanca, Buenos Aires, Corrientes, San Luis, Córdoba, Tucumán y Jujuy, donde se podrán “obtener diplomas de doctores en leyes o en medicina, de ingeniero, arquitecto o estanciero” (textual). Y agrega que no hay profesores para lenguas vivas pues cualquier idioma existente se aprende “jugando, corriendo, nadando”. Y la nota romántica también asoma en ese viaje en tren eléctrico desde la Patagonia Central: el principal protagonista de la novela se casa en la “Capilla del convoy, con Primavera, joven que conoce durante la travesía”. ¡Vaya simplicidad matrimonial para el 2080!

Durante el desarrollo de la obra, el autor hace referencia además al celibato, al poblamiento argentino “desde Jujuy hasta Magallanes”, a los ferrocarriles, al “Crédito Territorial” y a diversas cuestiones geopolíticas aun hoy latentes. “El celibato era un azote más terrible que la antigua peste de que nos habla la historia. Impedir el nacer es un homicidio en masa cometido por la sociedad. En 1879 el celibato podía ser una profesión admitida, una especie de bajalicato cristiano; pero hoy… ya es otra cosa. Hemos tenido que poblar… este inmenso trabajo no podía confiársele a solteros. No se les ha dejado ninguna excusa a esos zánganos de las antiguas civilizaciones…” (textual).

No obstante, entre párrafo y párrafo, Sioen introduce algunas concepciones religiosas muy particulares para el siglo actual, como por ejemplo cuando refiere al “progreso realizado por la moral, las ciencias y la civilización, que ha vuelto hacia Dios y a todos los espíritus superiores y rectos que, en siglos anteriores, sea por carecer de luces o por orgullo, se habían dado aires de materialistas. En nuestros días -2080-, un ateo se ha hecho tan escaso en el mundo como un animal feroz en la pampa”. Con esto cierra quizás el dato más triste de la imaginativa historia: para 2080 no tendremos ni pumas, ni jabalíes, ni animales afines. En verdad, poco es lo que va quedando ya de algunas de estas especies… y ni que hablar del gato montés.

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Cita también a diarios de gran tamaño compuestos por un “buen tipógrafo”, impresoras de 30000 ejemplares por hora, calles cubiertas de cemento duro con incrustaciones de mármol, subterráneos –“el Metropolitano”-, alude a la campaña del General Julio Roca al desierto –cuando fueron exterminados millones de habitantes originarios del suelo argentino-, el reemplazo del carbón por petróleo, la producción agraria y el puerto de Buenos Aires. Textual, nos dice que “con más de veinte mil buques que están continuamente ocupados en cargar en nuestro puerto las riquezas agrícolas de nuestro suelo para transportar por el mundo entero la superabundancia de nuestra producción, el país sigue floreciendo”.

Se podría afirmar que el argumento de Buenos Aires en el Año 2080tiene mucho de predictivo y Sioen poco que envidiarle a su coterráneo Julio Verne… Efectivamente, este libro es una de las primeras utopías literarias en nuestro país, quizás la segunda si contamos a Argirópolis de Domingo F. Sarmiento. Sioen era profesor de lenguas extranjeras y autor del manual Nuevo Método Para Aprender el Francés -1877-, pero, eclipsado por la belleza sudamericana, se vio tentado de realizar una alabanza al territorio con el plus de una crítica a la oligarquía imperante. La trama es simple: Enrique es un joven que debe viajar en ferrocarril de la Patagonia a La Rioja, para asumir su primer empleo: la administración de una mina de cobre. A medida que se desarrolla el viaje, se describen las características de la Argentina futura. El país es cosmopolita, y los idiomas como el francés, el inglés, el ruso y el chino son tan usuales de oír en la calle como el castellano. Buenos Aires ha pasado de 250000 habitantes a 2800000; la Argentina cuenta con 30000000. Hay libertad de cultos y el espiritismo ha entrado al dominio de las ciencias exactas; en cuanto al ateísmo, ya no existe. Entre los inventos destaca la fotografía a color y el tren eléctrico. El mundo tiende a la unificación -Europa es un solo país- y las guerras han cesado. A pesar de los numerosos avances técnicos descriptos -como un gran “sol eléctrico” que ilumina la ciudad durante la noche, sostenido por una estatua de Prometeo, la utopía de Sioen es reaccionaria: la soltería es considerada un vicio inmoral, al extremo de que el matrimonio es obligatorio a partir de los veinte años; los piropeadores son condenados a prisión por un Consejo de Ancianos; el teatro ha sido erradicado debido a que “exalta las bajas pasiones”; las mujeres no tienen iniciativa individual y son sumisas a sus maridos y muchos etcéteras más.

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El futuro para las personas de principios del siglo pasado era como una mezcla, un viaje entre París y Nueva York. París era la imagen que tenían en mente los arquitectos y urbanistas de por entonces. Sin embargo, la imaginación plebeya, por así decirlo, soñaba con Nueva York: la ciudad vertical, fragmentada, con transportes en varios niveles. Imaginaban un mundo interconectado, un mundo de flujos, muy parecido al que vivimos hoy. Cuando pensaban la ciudad del futuro pensaban mucho en el aire. Creían que todo se iba a resolver ahí, en las alturas. En las revistas, en los artículos y en las ilustraciones se ve y anticipa un mundo compactado en el que se podía llegar rápido a cualquier lugar. Los aviones -aún imaginados individuales- y los rascacielos eran los símbolos predilectos, íconos del futuro urbano.

Puede que para su su época, Buenos Aires en el Año 2080: Historia Verosímil, haya sido un libro raro, una novela de Ciencia Ficción de un autor desconocido popularmente salvo -como se deduce del prólogo- por muy pocos allegados a las letras y el periodismo de fines del siglo XIX. “Hombre de claro talento… no satisfecho con el espectáculo que hoy le presenta la bulliciosa y alegre Buenos Aires del ‘79, se ha ido hasta el año 2080, suponiendo, ideando, imaginando lo que será en aquella época remota”, según el prologuista Varela. La imaginación del futuro es tan disputada como el presente. Los pueblos que no tienen proyecto de futuro terminan siguiendo los proyectos futuros de algún otro. Toda sociedad necesita una idea de futuro. Es esencial en la construcción de la identidad de una nación. Por eso iniciativas como Tecnópolis -la megamuestra de ciencia, tecnología y arte argentinos- son fundamentales. La reinstalación del pensamiento sobre el futuro es absolutamente crucial. Es algo que las sociedades y las personas necesitan. Cuando se hablaba del fin de la historia se hablaba también del fin del futuro. ¿Qué nos queda si no? El zapping. El puro presente sin pasado ni futuro. Si queremos instalar una sociedad y una nación sanas es necesario trabajar en una construcción colectiva de un horizonte de expectativas, tener un proyecto de futuro. El ejercitar la imaginación es importante. Pero también lo es que se impulse en los sectores con menos recursos. Es una apuesta a la creación de inquietudes. La imaginación del futuro es el instrumento social necesario para tomar las decisiones en el presente, ejercer el derecho a aspirar y cimentar las identidades sociales.

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Seth
Seth

Comunicador Social (UBA) y periodista, hombre de radio. Vegetariano, melománo empedernido, guitarrista, cinéfilo, fan de los '80, la filosofía y los "cuentos de terror". Seth odia los relojes y cree en la metafísica como única forma posible de autosuperación de la humanidad (?)

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